Santo Domingo.- La historia de República Dominicana está marcada por el sacrificio de hombres y mujeres que, para defender el bienestar del país, estuvieron incluso dispuestos a ofrecer el tesoro más preciado que un ser humano puede tener, la vida, todo con el propósito de que la democracia sea la brújula de la nación.
Y como parte de esa historia, el país hoy conmemora el 61 aniversario desde el comienzo del Revolución de Abril de 1965una hazaña heroica que transformó el destino democrático de la nación y marcó uno de los capítulos más intensos y sacrificados de su historia contemporánea.
Lo que comenzó como un movimiento para restaurar las instituciones tras el derrocamiento del primer gobierno constitucional encabezado por el entonces presidente Juan Bosch, elegido democráticamente en las urnas tras la ejecución del dictador Rafael Leónidas Trujillo, terminó convirtiéndose en una guerra civil y, más tarde, en una resistencia patriótica contra la intervención extranjera.
Causas de la revolución
El gobierno de Juan Bosch era una rareza en la historia dominicana de esa época: una elección libre legitimaba un gobierno democrático liberal, que expresaba preocupación por el bienestar de todos los dominicanos, especialmente aquellos de circunstancias modestas, aquellos cuyas voces nunca antes habían sido realmente escuchadas en el Palacio Nacional.

En abril de ese año, una nueva constitución garantizó los derechos civiles e individuales y apoyó el control civil de los militares. El nuevo documento otorgaba libertades que nunca se habían conocido en el país; Se declararon algunos derechos laborales, así como también se tuvieron en cuenta a los sindicatos, a las mujeres embarazadas, a las personas sin hogar, a las familias, a los niños y jóvenes, a los agricultores y a los hijos ilegítimos.
Estos y otros cambios, como la reforma agraria, afectaron a los terratenientes conservadores y a los militares, especialmente cuando se yuxtaponen a tres décadas de autoritarismo adormecido bajo el régimen de Rafael Leónidas Trujillo.
La jerarquía de la Iglesia católica también criticó el carácter laico de la nueva Constitución, en particular la disposición sobre la legalización del divorcio. La jerarquía, junto con la cúpula militar y la élite económica, también temía la influencia comunista en el país y advertía sobre la posibilidad de «otra Cuba». El resultado de esta preocupación y oposición fue un golpe militar el 25 de septiembre de 1963.
El origen: La vuelta a la legalidad
La mecha de la revolución se encendió con el firme propósito de restituir al profesor juan boscocuyo gobierno, caracterizado por Constitución de 1963introdujo libertades civiles sin precedentes:
- Reconocimiento de derechos laborales y sindicatos.
- Protección de mujeres embarazadas y personas sin hogar.
- Reforma agraria que afectó los intereses de las elites tradicionales.

Este avance democrático quedó truncado 25 de septiembre de 1963 por un golpe de Estado militar que instaló el «Triunvirato», un régimen cívico-militar que nunca logró obtener la legitimidad del pueblo.
El golpe de estado
El golpe de Estado anuló efectivamente las elecciones de 1962 al instalar una junta civil, conocida como el «Triunvirato», dominada por el remanente trujillista.
El líder inicial del Triunvirato fue Donald Reid Cabral. El Triunvirato no logró establecer su autoridad sobre las facciones conservadoras, ni dentro ni fuera del ejército, ni convenció a la mayoría de la población de su legitimidad.
El descontento generalizado con Reid y su gobierno, junto con las lealtades al persistente Bosch, produjeron una revolución el 16 de mayo.
La vanguardia de la revolución de 1965, los perredistas (perredistas) y otros partidarios del Bosco Liderados por Francisco Alberto Caamaño, se llamaron a sí mismos constitucionalistas (en referencia a su apoyo a la constitución de 1963).
El movimiento contaba entre sus filas con algunos militares jóvenes. Una combinación de militares reformistas y feroces combatientes civiles salieron a las calles el 24 de abril, tomaron el Palacio Nacional e instalaron a José Rafael Molina Ureña como presidente provisional.

La revolución adquirió la dimensión de una guerra civil, cuando fuerzas militares conservadoras, encabezadas por el general Elías Wessin y Wessin, contraatacaron a los constitucionalistas el 25 de abril.
Estas fuerzas conservadoras se llamaron a sí mismas leal. A pesar de los ataques con tanques y bombardeos aéreos de las fuerzas leales, los constitucionalistas aún mantuvieron sus posiciones en la capital y extendieron el conflicto para asegurar el control de todo el país.
El economista venezolano José Antonio Mayobe, en representación del Secretario General de las Naciones Unidas (ONU), actúa sin éxito como mediador entre las partes en conflicto durante la crisis de república dominicana.
Intervención de Estados Unidos
El 28 de abril, el EE.UU Intervinieron en el país activando la Operación Power Pack. El presidente Lyndon B. Johnson envió una fuerza de 20.000 militares para garantizar la seguridad en Santo Domingo y restablecer el orden. Johnson Había actuado con la firme creencia de que los constitucionalistas estaban compuestos de comunistas y, por tanto, no se les podía permitir llegar al poder.
La intervención fue concedida en cierta medida por la aprobación hemisférica con la creación de una fuerza de paz patrocinada por la OEA, que complementó la presencia militar estadounidense en la región. República Dominicana.
Un gobierno provisional inicial estuvo dirigido por uno de los verdugos de TrujilloAntonio Imbert Barrera, más tarde Héctor García Godoy, asumió la presidencia provisional el 3 de septiembre de 1965. Algunos enfrentamientos violentos entre legitimistas y constitucionalistas continuaron esporádicamente mientras, una vez más, se organizaban las elecciones.
Un legado de democracia
A pesar de la superioridad militar de los intervinientes, los constitucionalistas mantuvieron el control de la zona intramuros de Santo Domingo, defendiendo valientemente la soberanía nacional.
Hoy, 61 años después, la Revolución de Abril es recordada no sólo como un conflicto bélico, sino como un recordatorio de que la voluntad popular y el respeto a la ley fundamental son pilares innegociables para la estabilidad de la República Dominicana. La hazaña de Caamaño, Fernández Domínguez y miles de combatientes anónimos sigue siendo la luz que guía el compromiso democrático del país.



