En la concepción geopolítica, se suponía que la terminología del nuevo orden mundial se refería a la transformaciones profundas en la proporción y distribución equitativa del poder a escala planetaria, las normas políticas y las relaciones económicas internacionales.
Esta situación marcó una transición innegable del orden liberal, establecido en 1945, hacia una estructura más multipolar, con una fuerte característica impulsada por nuevas potencias emergentes y cambios enérgicos en la gobernanza global.
En ese contexto, el nuevo orden se basaba en la igualdad, soberaníaequidad, interdependencia, interés común y cooperación entre naciones y Estados, independientemente de sus sistemas económicos y sociales, para corregir las desigualdades y remediar las injusticias prevalecientes.
Pues bien, el espíritu inherente estaba encaminado a descartar la creciente fisura entre países desarrollados y en desarrollo, ya que con tal visión la idea fundamental era desmantelar los gérmenes que conducen al abuso.
Pero a escala global asistimos a una situación compleja producto de que se han presentado varias crisis simultáneamente, entre las que destacan las económicas, geopolíticas, ambientales y sociales que interactúan entre sí, que se han convertido en una suma de problemas.
Entonces se trata del presencia de una policrisis que ha promovido una disrupción de ese nuevo orden surgido tras la guerra mundial hacia un desorden global que se está presenciando a una velocidad impensable y que está destruyendo el sistema económico y financiero global.
Y este gran desorden global se ha caracterizado por tensiones geopolíticas, tensiones estructurales, lo que ha demostrado que se ha llegado al fin del orden establecido en las reglas de la posguerra. Bueno este desorden global basa sus acciones en el uso intensivo de la tecnología y el desprecio por el cambio climático, aumentando la desagradable contaminación ambiental derivada de las grandes explosiones químicas.
Pero resulta que este desorden global se expresa de manera gigantesca en las relaciones económicas internacionales y una enorme incertidumbre que genera confusión en diferentes mercados como el de commodities o materias primas, en particular, el petróleo y los mercados financieros.
Pues bien, lo que se observa responde a un nuevo paradigma que está definiendo una competencia estratégica y una progresiva desglobalización económica, que está afectando y deteriorando directamente las normas de las relaciones diplomáticas y del comercio internacional.
Actualmente, lo que está sucediendo a escala planetaria con el desorden global pone en duda los beneficios que se han difundido sobre el fenómeno de la globalización, en virtud de que ha cedido sus espacios de avance a la lógica de la geopolíticaya que lo que predomina es la imposición de una relación forzada.
En este desorden global, se ha construido un panorama económico caracterizado por una aterradora desaceleración del crecimiento económico, impulsada por la aceleración de los conflictos geopolíticos, un malestar agudo en la cadena de suministro y una inflación que socava el poder adquisitivo de los consumidores globales.
En resumen, el mundo está lleno de incertidumbre económica y política que desorienta a la humanidad con una presión económica global que desalienta la actividad productiva y fomenta la desesperanza.
A modo de interpretación, se puede afirmar que este desorden es expresión capital e irrefutable de un agudo fracaso de la civilización que retrocede los espacios de progreso alcanzados, lo que ha trastornado el sistema económico y política global.



