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sábado, octubre 31, 2026
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¿Dónde está la María Corina Machado de Haití?

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Hoy quiero hacer una pregunta que probablemente generará controversia, pero que considero necesaria:

¿Dónde está la María Corina Machado de Haití? ¿Dónde están esas voces capaces de convocar, organizar y movilizar a una nación en torno a su propio futuro?

No pregunto si Haití tiene hombres y mujeres valientes. Estoy convencido de que los tiene.

Tampoco pretendo que todos los países necesiten una figura idéntica para construir su democracia.

Mi preocupación es otra: ¿por qué, después de tantas décadas de inestabilidad, pobreza, violencia e intervenciones internacionales, todavía no identificamos un proyecto de transformación nacional haitiano que logre reunir suficiente legitimidad, capacidad organizativa y apoyo ciudadano para cambiar de manera sostenible su destino?

Una nación no puede vivir eternamente esperando que otros la rescaten.

María Corina Machado, en Venezuela, representa para una parte importante de su sociedad una experiencia de movilización y resistencia política. Su trayectoria, reconocida con el Premio Nobel de la Paz 2025, demuestra la capacidad de liderazgo para proyectar una causa nacional a nivel internacional.

No se trata de idealizar a un líder o de transferir automáticamente la experiencia venezolana a Haití.

Se trata de entender algo fundamental: los cambios estructurales necesitan ciudadanía organizada, instituciones y liderazgos capaces de sostener una visión de país.

Haití necesita mucho más que asistencia humanitaria.

Necesita seguridad, justicia, educación, oportunidades productivas, instituciones y ciudadanos que puedan participar sin temor a perder la vida.

Pero también necesita que sus iniciativas cívicas encuentren maneras de convertirse en propuestas para la reconstrucción nacional.

¿Dónde están las voces haitianas?

Son. Y sería injusto ignorarlos.

En Haití hay organizaciones de derechos humanos, movimientos de mujeres, profesionales, educadores, organizaciones comunitarias y ciudadanos que siguen trabajando en condiciones extraordinariamente difíciles.

Lo que debemos preguntarnos es por qué tantas de estas voces siguen fragmentadas, amenazadas o insuficientemente escuchadas.

Porque no es lo mismo callar por indiferencia que callar para sobrevivir.

Renunciar a una lucha no es lo mismo que verse obligado a huir de la violencia.

Y carecer de liderazgo no es lo mismo que carecer de condiciones para ejercerlo.

Quizás Haití no necesite descubrir a su María Corina Machado. Quizás necesites proteger y conectar los muchos liderazgos que ya tienes.

República Dominicana no puede permanecer indiferente, pero tampoco puede sustituir a Haití

Desde República Dominicana observamos con preocupación lo que sucede al otro lado de la frontera.

Compartimos una isla, desafíos ambientales, dinámicas económicas y una realidad geográfica imposible de modificar.

Pero compartimos territorio insular, no la responsabilidad exclusiva de resolver la crisis de nuestro vecino.

No se debe confundir solidaridad con sustitución de responsabilidades.

La República Dominicana tiene derecho a proteger su seguridad, aplicar sus leyes migratorias y defender su soberanía, respetando siempre la dignidad humana y sus obligaciones internacionales.

Haití, por su parte, necesita reconstruir su capacidad para gobernarse a sí mismo y desarrollar sus propias instituciones.

Y la comunidad internacional debe examinar seriamente los resultados de décadas de intervenciones, cooperación y promesas.

¿Cuánto dinero se ha invertido? ¿Qué capacidades institucionales quedan? ¿Qué indicadores muestran mejoras sostenibles? ¿Quién es responsable de los resultados?

Como profesional vinculado a la gestión de procesos, la innovación y el desarrollo, creo que no basta con anunciar programas, movilizar recursos o realizar reuniones.

Es necesario medir los resultados, fortalecer las capacidades locales y garantizar la continuidad.

Porque una intervención sin sostenibilidad puede aliviar una emergencia sin transformar sus causas.

El liderazgo no nace de la desesperación: necesita condiciones

A veces esperamos que, en medio del caos, aparezca una figura extraordinaria que por sí sola transforme el destino de millones de personas.

Pero ningún liderazgo puede sostener una transformación nacional sin organización, instituciones, participación ciudadana y protección de los derechos fundamentales.

La reconstrucción de Haití requiere que sus ciudadanos puedan ejercer sus derechos, que sus organizaciones encuentren espacios seguros y que las nuevas generaciones tengan alternativas reales a la violencia.

Necesita una diáspora involucrada, un sector empresarial comprometido, una sociedad civil articulada y autoridades capaces de asumir responsabilidades.

También necesita que las mujeres haitianas, a menudo protagonistas silenciosas de la resistencia diaria, puedan participar plenamente en la toma de decisiones.

No basta con preguntarse quién será la próxima gran figura política.

Debemos preguntarnos qué condiciones permitirán que surjan y permanezcan nuevos liderazgos.

Mi reflexión final: ¿quién hace daño a Haití?

Quiero volver a mi pregunta inicial.

¿No sienten los haitianos dolor por su país?

Probablemente les duela. Duele a las madres que intentan proteger a sus hijos, a las que han perdido sus hogares, a los profesionales que emigraron y a los que siguen trabajando para sus comunidades.

Entonces, tal vez la verdadera pregunta sea más profunda:

¿Cómo transformar ese dolor en organización, esa organización en liderazgo y ese liderazgo en instituciones capaces de devolverle el futuro a una nación?

Porque el dolor por una patria no siempre se expresa a través de una manifestación masiva o un discurso que recorre el mundo.

A veces se expresa en una escuela que sigue funcionando, en una mujer que defiende a otras mujeres, en un médico que permanece o en una comunidad que se niega a desaparecer.

Haití no necesita que decidamos quién debe representarlo.

Necesita que sus ciudadanos tengan las condiciones para decidir libremente.

Y necesita que el mundo deje de considerar su tragedia únicamente como una emergencia que hay que gestionar.

Una nación no se reconstruye sólo con ayuda. Se reconstruye con ciudadanía, instituciones, responsabilidad y oportunidades.

Desde esta isla compartida, mi invitación es a mirar a Haití sin ingenuidad, pero también sin desprecio. Con preguntas incómodas, sí, pero con humanidad y sentido de corresponsabilidad.

Porque la verdadera pregunta no debería ser sólo dónde está María Corina Machado de Haití.

Debería ser lo que Haití necesita para que sus propios ciudadanos puedan construir, defender y sostener el país que merecen.

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