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sábado, octubre 31, 2026
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El arroz dominicano: el gusto del consumidor y el valor del agua

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Él El arroz es nuestro alimento diario.. Es parte de la cultura, costumbres y una tradición sostenida por generaciones. Por eso, cuando se discute el futuro de la producción de arroz en el país, hay dos protagonistas que no pueden quedar fuera: el consumidor y el agua.

Los dominicanos tenemos definido el arroz que nos gusta. Nuestras preferencias han influido en el grano cultivado, su textura y su comportamiento culinario. La producción nacional ha respondido a ese gusto y abastece casi toda la demanda. Es genial.

Para 2025, según cifras del sector agrícola, el consumo estimado fue 141,92 libras por persona y la producción nacional cubrió aproximadamente el 96% de la demanda. Estos datos muestran su importancia más allá de los intereses comerciales.

Él cultivo de arroz requiere grandes cantidades de agua, un recurso crítico y en riesgo. Por eso, además de seguridad alimentaria, hay que hablar de seguridad hídrica. No basta con saber cuánto producimos y a qué precio. Es necesario saber cuánta agua utilizamos, de dónde viene y cuánta se pierde.

La eficiencia del riego no es sólo una cuestión de agricultores. También requiere inversión pública, mantenimiento de infraestructura y vigilancia por parte de las autoridades.

La desgravación arancelaria prevista en el DR-CAFTA Se sabía desde la negociación del tratado. Sin embargo, persisten incertidumbres sobre sus consecuencias para la producción nacional.

La discusión no puede reducirse a elegir entre arroz importado y criollo. Hay que proteger a los productores, pero también preguntarnos qué pasará con el empleo rural, con la capacidad de producir alimentos y con los precios que pagan las familias. Es prioritario que el consumidor reciba un arroz de calidad, como el que está acostumbrado a consumir, y que un precio más bajo no signifique sacrificar sus preferencias.

También merecen atención las diferencias entre los costos de producción nacionales y los de otros países. No se puede hablar de competencia leal sin examinar estas condiciones, ni pedir a los agricultores que asuman solos las consecuencias de las decisiones comerciales tomadas hace años.

defender el producción nacional Sin defender el bolsillo del consumidor es un error. También lo es mantener prácticas agrícolas que desperdician agua, especialmente cuando las sequías y los cambios en las precipitaciones ejercen presión sobre nuestras fuentes de agua.

Necesitamos fortalecer una mesa arrocera donde participen productores, molineros, comerciantes, consumidores, autoridades agrícolas y responsables de la gestión del agua. Su tarea debe ser ofrecer información confiable sobre costos, inventarios, importaciones, precios y uso del agua por área y sistema de riego.

Las autoridades deben explicar cómo se distribuirán los beneficios y costos de cualquier decisión. La transparencia no puede reservarse a las negociaciones entre funcionarios y empresarios. También corresponde a quienes compran arroz todos los días.

Con este diagnóstico, el Gobierno debe impulsar un plan que mejore la productividad, el almacenamiento y la comercialización. La modernización del riego, la reparación de canales y la nivelación de terrenos deben ser parte de ese esfuerzo.

Él el consumidor necesita voz en las decisiones. Tienes derecho a conocer el origen de tu arroz, a pagar precios razonables y a conservar la posibilidad de elegir el producto que prefieras.

No basta con resolver un conflicto arancelario. El desafío es proteger los alimentos, la producción nacional y el agua que la hace posible.

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