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viernes, octubre 9, 2026
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La ola conservadora

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Él avance conservador en América Latina refleja la erosión de los proyectos políticos que dominaron la escena desde principios de siglo. Pero los cambios de época no permiten imitaciones automáticas ni garantizan éxitos permanentes, especialmente en un escenario internacional atravesado por nuevas disputas hegemónicas.

Cualquiera que observe atentamente el comportamiento electoral de toda la región latinoamericana llega a la conclusión de un ascenso y éxito de las visiones conservadoras. Atrás quedaron los días de expansión de la política estructurada tras el surgimiento de Hugo Chávezque proponía opciones alejadas de las organizaciones tradicionales y dispuestas a decapitar liderazgos históricos.

Si bien es cierto que en su momento las políticas de subsidios recibieron apoyo social, las simpatías comenzaron a derrumbarse al reproducir los vicios que decían combatir y multiplicar la cultura de la ineficiencia anclada en dogmas impracticables. Esto abrió la posibilidad a nuevos actores con vínculos con los viejos aparatos organizativos y sus ideas.

La fascinación por el pasado surge como respuesta a la insatisfacción con un presente que nubla las esperanzas de un futuro mejor. Lo difícil es renunciar a dar un contenido social, económico y político local a las fuerzas empujadas por los nuevos vientos. Creer que ser un conservador puro y duro allana el camino hacia el éxito es una posición muy simplista.

Los péndulos en política no ocurren por casualidad ni es posible copiar las experiencias de otras naciones para que tengan éxito aquí. Subir al tren puede acabar en un descarrilamiento.

las experiencias de Argentina, Chile, Honduras, Colombiay potencialmente en España y Brasilimplican un rechazo ciudadano a las modalidades de gestión incapaces de evolucionar sobre las encrucijadas que motivaron sus triunfos. Muchos de los desplazados por la fuerza del voto no entendieron que lo inteligente era hacerse a un lado y promover reemplazos que no acarrearan los rechazos inherentes a estar en el centro del debate público durante largos años. Al igual que las opciones de izquierda, la ola conservadora acabará sufriendo un desgaste, y volveremos a observar cómo la rabia ciudadana acaba en votos opositores.

Cada época define el marco de acción política y es torpe no leer las coordenadas establecidas para reiterar valores, jugar con la acomodación, evitar malentendidos y fortalecer criterios en torno a la política y las dosis adecuadas de pragmatismo. El hilo invisible que lo une todo es un entorno internacional altamente tenso, con líneas de disputa definidas y un marcado interés por recuperar las esferas hegemónicas propias de la Guerra Fría, aunque en la situación actual se expresa en cuestiones relativas al comercio, el narcotráfico, las migraciones, la corrupción y el dominio tecnológico.

No estamos ante el clásico modelo conservador inspirado en golpes militares y el desconocimiento de los derechos humanos. El de ahora es digitalmente activo, capaz de luchar en el campo de las argumentaciones y ciertamente feroz en el reclamo.

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