Santo Domingo.-La autora de ‘Luna y Torbellino’ transformó una crisis emocional y su experiencia con TDAH y TLP en una historia que busca ayudar a niños y familias a comprender las emociones y aprender a hablar de ellas.
Sonia Iturbides se define como una joven sensible, soñadora, perseverante y profundamente humana que, durante años, sintió que vivía el mundo de otra manera, con emociones difíciles de explicar y una intensidad que muchas veces tampoco lograba comprender.
A los 14 años supo que tenía trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y años después recibió el diagnóstico de trastorno límite de la personalidad (TLP), darle nombre a lo que le estaba pasando cambió la manera de mirar su historia.
De ese proceso, y concretamente de una crisis personal que la abrumó emocionalmente, nació ‘Luna y Torbellino’, una historia que busca convertirse en un puente entre los niños que tienen dificultades para expresar lo que sienten y los adultos que los acompañan.
¿Qué encontraste escribiendo en ese momento de crisis?
Un refugio. Estaba pasando por una crisis emocional muy fuerte y no encontraba cómo explicar lo que sentía. Empecé a escribir para ponerle palabras a ese caos, sin imaginar que terminaría en un libro. Escribir me ayudó a comprenderme a mí mismo y a transformar un momento doloroso en un propósito.
¿Cuándo entendiste que había una historia que podía convertirse en libro?
Poco a poco aparecieron Luna y Torbellino: Luna representaba mi necesidad de comprensión y Torbellino mis emociones intensas. Cuando lo releí entendí que también podría ser la historia de muchos niños que se sienten diferentes o no saben expresar lo que les pasa. Entonces lo convertí en una historia para acompañarlos a ellos y a sus familias.
¿Tenías miedo de hablar de tus diagnósticos?
Mucho. Me preocupaba que me expusieran a opiniones y prejuicios, y que empezaran a verme sólo a través del TDAH o el TLP, como si un diagnóstico pudiera resumir todo lo que soy. Pero entendí que guardar silencio también podía impedir que otras personas se sintieran acompañadas. No les cuento mi historia para que sientan pena por mí, sino para mostrar una realidad que mucha gente vive en silencio. Mis diagnósticos son parte de mi vida, pero no me definen completamente.
¿Qué quieres que encuentren un niño y sus padres cuando abran tu libro?
Me gustaría que cada niño descubriera que no está solo, que sus emociones son válidas y que sentirse diferente no significa estar equivocado. Comprende que pedir ayuda, necesitar un descanso o sentirte intensamente no te hace menos valioso. Me gustaría recordar a los padres que muchas veces detrás de una conducta difícil hay un niño que intenta expresar algo que aún no sabe explicar. Les pido que antes de juzgar, corregir o castigar puedan detenerse y preguntarles: “¿Qué estás sintiendo? o ¿En qué te puedo ayudar?”.
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– El propósito
Asegura que su mayor deseo es que el cuento se convierta en un puente entre niños y adultos. Si al cerrar el libro un niño se siente abrazado y un padre logra mirar a su hijo con nuevos ojos, habrá cumplido su propósito.


