En una sociedad de “expertos” que hablan de todo –muchos de ellos empíricos– es necesario hablar con responsabilidad profesional de uno de los temas más sensibles para el Estado y la sociedad: la seguridad, cuyo debate debe abordarse con rigor académico y un marco teórico que permita comprender su alcance, evolución y relación con la vida colectiva.
En el ámbito de la ciencia, el concepto de seguridad. Es debatido y carece de una definición uniforme, ya que diferentes escuelas de pensamiento lo interpretan de manera diferente. Sin embargo, una conceptualización clara la ofrece el general ecuatoriano Paco Moncayo, quien establece que la seguridad “es la percepción de que no hay amenazas que temer o que, si las hay, existen medios suficientes para neutralizarlas o eliminarlas”. En esta misma línea, la especialista Ana María Salazar recuerda que no es un asunto exclusivo de militares o policías, sino un tema que impacta la vida cotidiana: economía, instituciones, inversión, salud, soberanía y relaciones internacionales. Para ella, la seguridad nacional abarca todo aquello que pueda convertirse en una crisis capaz de afectar la viabilidad y gobernabilidad de la sociedad; entonces podemos definir la seguridad nacional como la capacidad del Estado de proteger a su población, sus instituciones, intereses y objetivos nacionales contra amenazas, riesgos y antagonismos, mediante el uso de los recursos del Poder Nacional, además de enfrentar situaciones que puedan comprometerlos con el fin de garantizar la estabilidad institucional y el bienestar de la población;
Desde un punto de vista histórico, la seguridad nacional surge de la necesidad de proteger el territorio y la población contra invasiones y conflictos internos. Durante el modo de producción feudal se desarrollaron mecanismos de defensa para asegurar sus espacios geográficos. Con la consolidación de los estados nacionales, estas funciones se centralizaron, dando lugar a formas más organizadas de seguridad estatal. Durante la Guerra Fría, la seguridad nacional se convirtió en un argumento central para justificar decisiones, y la expresión “por razones de seguridad” se convirtió en un recurso para legitimar medidas discrecionales. Sin embargo, en el marco del Estado constitucional en el que vivimos, las decisiones están sujetas a la legalidad, la proporcionalidad y el control institucional, de modo que el trabajo de los organismos de seguridad y defensa esté acorde con la garantía de los derechos fundamentales y la estabilidad constitucional.
La seguridad nacional integra los recursos del Estado para proteger sus intereses y objetivos nacionales, no se limita al ámbito militar y policial como se mencionó anteriormente, sino que confluyen todas las expresiones del poder nacional (político, económico, psicosocial, militar, tecnológico y geográfico). De este gran sistema llamado seguridad nacional surgen subsistemas como: Seguridad pública: garantiza espacios públicos libres de amenazas; Seguridad ciudadana: protege los derechos fundamentales y la convivencia pacífica; Seguridad jurídica: garantiza la seguridad regulatoria y el debido proceso; Seguridad económica: protege la estabilidad productiva y financiera; Seguridad social: preserva la cohesión social y cultural, a diferencia de la seguridad social que se refiere a beneficios como salud y pensiones.
La seguridad nacional es, en este sentido, el concepto macro: integra todos los valores particulares, aunque cada uno con un rol específico y en él confluyen actores, lo que le confiere una categoría multidimensional que articula Estado, sociedad y desarrollo. Su evolución histórica demuestra que el Estado ha sido el principal referente y en la configuración constitucional actual, es un derecho fundamental de dos dimensiones -individual y colectiva- que protege tanto a las personas como al propio Estado de todo tipo de amenazas y al mismo tiempo crea las condiciones para enfrentarlas a través de la articulación de las capacidades del poder nacional, asegurando la estabilidad, el bienestar y el interés general.


