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martes, septiembre 15, 2026
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La oración como instrumento de gobernanza

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al presidente Luis Abinader La nación lo ha visto orar incesantemente desde que asumió el cargo hace poco más de seis años, período durante el cual no pierde la oportunidad de manifestar públicamente su vocación cristiana católica, llena de profundo respeto por todas las denominaciones religiosas de la sociedad.

El país ya se acostumbró a verlo acompañado de la primera dama Raquel Arbajela pareja orando y recibiendo el cuerpo y la sangre de Cristo en diferentes celebraciones eucarísticas, vocación que los distingue abiertamente de los gobernantes que los han precedido en la conducción del país.

Ahora, el presidente acaba de celebrar un insólito acto de fe en la Sala de las Cariátides. Presidió, junto con monseñor Tomás Morel Diplanarzobispo coadjutor de la Arquidiócesis de Santo Domingo, y el reverendo Julio Morales, de las iglesias evangélicas Codue, un momento de oración nacional en el Palacio Nacional, denominado “Ora y Acciona RD”, cuyo telón de fondo fue develado en vísperas del simulacro nacional ante un posible terremoto.

El encuentro representó un hito de unidad ecuménica en el espacio público. Al sentar juntos a un representante del Consejo de las Asambleas de Dios, la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones) y la Iglesia Católica, el llamado de Abinader buscó enviar una señal de paz, inclusión y respeto mutuo hacia las diferentes religiones que conviven en la sociedad dominicana.

Esto es importante porque desde la perspectiva de las ciencias políticas, la sociología y la historia, la oración puede interpretarse como un instrumento de gobernanza. Sin embargo, su uso y eficacia no dependen de la intervención mística directa, sino del impacto cultural, simbólico y social que genera en la relación entre gobernantes y gobernados.

Los elementos que hacen de la oración religiosa un factor importante de gobernabilidad son, primero, la legitimación simbólica de la autoridad; segundo, su capacidad de mitigar y unir ante crisis naturales, económicas o de cualquier tipo; y, tercero, operan como canal de mediación con actores clave.

En países de profunda tradición cristiana, al estilo de la República Dominicana, la oración apela a valores universales compartidos. Un gobernante que reza habitualmente transmite humildad, sensibilidad y temor a una autoridad divina, lo que tiende a reducir el rechazo proveniente de sectores conservadores y consolida la confianza ciudadana.

Eventos como el día “Ora y Actua RD” Buscan unificar el tejido social bajo un propósito común. Al invocar la protección de Dios como preparación psicológica ante desastres naturales (terremotos, huracanes, plagas) o problemas nacionales, el gobierno disipa las tensiones políticas y fomenta un sentido de solidaridad colectiva que induce a una mejor gestión de determinadas alternativas.

Las iglesias, tanto católicas como evangélicas, son instituciones de muy alta credibilidad y alcance comunitario en nuestro país. Utilizar la oración como punto de encuentro le permite al presidente Abinader construir alianzas con estos líderes religiosos, quienes a menudo actúan como amortiguadores sociales y fuerzas de paz vecinales.

Actualmente, en América Latina los líderes Nayib Bukele, de El Salvador, Jair Bolsonaro, expresidente de Brasil; Nicolás Maduro, el ex dictador izquierdista de Venezuela encarcelado en Nueva York, y el mexicano Andrés Manuel López Obrador durante su gobierno.

En resumen, la oración en la esfera pública funciona como un dinamizador del gobierno subjetivo, apelando a la fe para estabilizar el estado de ánimo nacional. Ventaja para Abinader respecto a sus antecesores.

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