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lunes, septiembre 14, 2026
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Alarmante alerta

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Los informes de las misiones de observación electoral tras la elecciones celebradas en 2024 -febrero y mayo- coincidieron en señalar la abstención.

La participación ciudadana en el proceso fue una negación del entusiasmo del partido oficial y del porcentaje establecido como factor determinante para la victoria. La validación en las urnas fue escasa, democracia de y para las minorías.

Él Organismo electoral dominicano -JCE- Evaluó el resultado como una advertencia y aceptó recomendaciones para investigar las razones del descontento de los ciudadanos, reacios a participar en las elecciones. Incrementó su prestigio institucional al aceptar la propuesta del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH) de investigar las causas de la abstención y el trabajo fue encomendado a la emblemática Centro de Asesoría y Promoción Electoral (CAPEL).

Es encomiable la propuesta y el acuerdo que permitió realizar el “Estudio sobre abstención electoral en República Dominicana: voto nacional y extranjero, elecciones 2024”, investigación pionera en la región.

Los hallazgos sirven para el análisis, para una consideración reflexiva, lejos de sospechas o animosidad. La actitud hubiera sido diferente si la investigación “multidimensional” hubiera sido encargada por un partido político o por uno de los grupos cívicos “no partidistas” que siempre han buscado controlar el organismo y guiar el rumbo de los procesos electorales.

La validación internacional de la JCE es sin duda. Los esfuerzos de administraciones anteriores han favorecido la inclusión en los organismos electorales, la continuidad de la participación en reuniones, la firma de acuerdos y la adecuación técnica.

Es habitual la colaboración con compañeros, asesoramiento y formación. Hay evidencia de facilitación de equipos y personal para celebrar elecciones en otros países. El descrédito es local, episódico y obedece a intereses de partidistas y organizaciones de la sociedad civil cuya dirigencia está convencida de que para garantizar privilegios y vigilancia necesitan ocupar espacio en el pleno por encima del deshonra de los demás.

Por eso se presume que el IIDH no se sorprendió por el acuerdo que permitió la investigación y aceptó gustoso su ejecución para seguir validando la autoridad del organismo y monitorear el futuro electoral.

Los resultados de la investigación son preocupantes. El descontento de un electorado cada vez más reducido es una alerta alarmante que debe ser atendida con urgencia por la sociedad dominicana, no sólo por las organizaciones políticas.

¿Qué pasó, por qué la desgana? El trabajo contiene hipótesis plausibles. Ya ni el clientelismo seduce, esa oferta de decretos, impunidad, alcohol y onzas de coca, parece insuficiente.

¿Influirá la ausencia de liderazgo nacional en la sustitución del político, aunque sea fanfarrón, por el aspirante a narcotraficante? ¿Será por el oprobio “más de lo mismo” con judicialización política incluida?

Lo ocurrido con el voto fuera del país obligaría a revisiones que desemboquen en decisiones contundentes, alejadas del populismo.

El la prevención se hace. Es importante considerar la reflexión contenida en la página 236 del Estudio: “El camino proactivo para fortalecer la participación no consiste en exhortaciones morales al deber cívico sino en reconstruir la utilidad real del voto, garantizando que el sistema sea percibido como un espacio de auténtica representación libre de presiones y orientado hacia resultados de bienestar colectivo”.

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