Santo Domingo.-La propuesta escénica Paradiso cerró sus nueve presentaciones con una mirada conmovedora a la vejez, la soledad y aquellos adultos mayores que, luego de ser llevados a hogares de acogida, terminan enfrentando el abandono de quienes un día prometieron cuidarlos.
Hay obras que entretienen, obras que conmueven y otras que, cuando cae el telón, dejan al espectador en silencio, mirando hacia dentro. “Paradiso” pertenece a esa última categoría.
La noche del domingo, luego de nueve exitosas funciones, la obra cerró su temporada en la sala Manuel Rueda de la Escuela de Bellas Artes, pero la historia de sus personajes quedó flotando en el aire como una pregunta difícil de evitar: ¿qué nos espera cuando llegue la vejez y quién estará dispuesto a acompañarnos?
Entre risas y lágrimas, “Paradiso” propone una reflexión sobre la vida de los adultos mayores, la soledad, los problemas emocionales y mentales que pueden verse agravados por el aislamiento y, sobre todo, el abandono familiar.
La historia se desarrolla en una residencia de ancianos llamada Paradiso, donde hombres y mujeres de diferentes personalidades acaban compartiendo mucho más que un espacio físico. Vienen con sus propias historias, recuerdos, dolores, manías y nostalgias, pero, con el paso del tiempo, quienes alguna vez fueron extraños terminan convirtiéndose en una familia.
Es precisamente allí donde la obra adquiere su mayor dimensión humana. Porque detrás del humor y de las situaciones que provocan risa asoma una realidad que existe mucho más allá del escenario: la de muchas familias que, ante las dificultades que supone cuidar a un adulto mayor, optan por llevarlo a una casa de acogida.
En muchos casos, la decisión comienza con una promesa de bienestar. Se pagan alojamiento, comida, medicamentos y cuidados necesarios. Se asegura que el padre, la madre, el abuelo o la abuela sean cuidados y acompañados.
pero el tiempo pasa
Una llamada se convierte en un mensaje. Se pasa por alto una fecha especial. Y lo que inicialmente fue concebido como un lugar para recibir cuidados acaba convirtiéndose, para algunos, en el último capítulo de una vida marcada por la soledad.
“Paradiso” toca esa herida sin necesidad de convertirla en discurso. Se presenta a través de personajes que ríen, discuten, recuerdan, se acompañan y afrontan juntos uno de los mayores miedos de la existencia: sentirse solo cuando más se necesita la compañía de los demás.
El velorio de uno de los vecinos sirve como punto de partida para conversaciones sobre la muerte, la memoria, el abandono, la soledad y la necesidad de sentirse querido en cualquier etapa de la vida.
el mensaje
— Trabajar
La producción también llevó su mensaje más allá del escenario realizando un acto benéfico para la Fundación Jompéame, destinando parte de los fondos recaudados a iniciativas y causas a favor de las personas mayores.


