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domingo, agosto 30, 2026
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Consejos protocolares del presidente Heureaux

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el presidente Ulises Heureaux (1882-1884 y 1887-1899-Poder tras el trono 1884-1886) fue uno de los estadistas más inteligentes que tuvo la República Dominicana en toda su historia. Supo manejar la política interior y exterior con gran astucia y sagacidad, pese a que no era un hombre de letras sino de espada.

General Heureaux, quien habló Francés, inglés y criolloEra un maestro en el manejo de relaciones diplomáticas. En mi libro “El presidente Heureaux y los gobiernos haitianos (1887-1899)”, volumen 3 de la colección “Misiones dominicanas en Haití”, traigo un pasaje que muestra su profundo conocimiento del protocolo diplomático y militar.

El 17 de mayo de 1893, Heureaux encomendó al general Rafael Rodríguezcomandante de Dajabón, dio la bienvenida al presidente haitiano, Florvil Hyppolite, quien se encontraba de visita en esos días en la frontera haitiana de Juana Méndez. A continuación, le da algunas instrucciones, que contienen reflexiones sobre el comercio fronterizo, la alta política y el arte de la prudencia, que son dignas de ser conocidas por las generaciones actuales:

«No le den importancia a la forma en que los haitianos gobiernan sus asuntos, porque a nosotros nos debe importar que vengan… no nos perjudica su ausencia en nuestro mercado. El comercio es libre y cada uno lo ejerce a su manera, por lo que no debemos ponernos ningún obstáculo; al contrario, darles franquicias para que puedan llevar libremente nuestros productos a territorio extranjero para crearles allí, en su propia casa, necesidades que necesitarán más adelante…»

«No debemos seguir la práctica establecida por los haitianos, ellos no tienen una política fija, ni saben observar la evolución del tiempo, por eso su política es del todo refractaria y esa circunstancia es la que nos favorece y los obliga en cosas serias a transigir con lo que queremos. Continúe esto, esta pausa es la que se debe observar. Quiero darles nociones de alta política, porque donde esté deben inspirarse en esas doctrinas y para eso los he puesto allí.»

«El Presidente Hyppolite debe llegar a Juana Méndez al día siguiente de su llegada, pasará personalmente al otro lado y lo saludará de pie -sin extender la mano-, y le dirá estas palabras: «Excelencia, tengo órdenes del Presidente Heureaux de presentarle sus respetos y ofrecerle mis servicios en mi calidad de Comandante de Armas de la plaza y del común de Dajabón».

«Después de este acto le pides permiso para salir, siempre sin extender tu mano a menos que él se acerque a darte la suya, de lo contrario te ordena sentarte, no intentes hacerlo, si te ordena sentarte lo hará por muy pocos minutos, se levantará, te saludará cortésmente y se retirará para ocupar su lugar. Ese es el rigor de esa ceremonia, debes estar acompañado de un guía que se hará cargo de tu caballo cuando desmontes y un oficial que permanecerá afuera, junto con el guía, esperándote…»

“Repito, no pongan obstáculos a nuestros habitantes nacionales en el libre ejercicio de su comercio en industrias y productos nacionales”.

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