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domingo, agosto 16, 2026
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Probables cambios en nuestra dependencia geopolítica

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Durante los últimos 65 años nuestra economía ha podido prosperar en parte gracias a la ausencia de competencia de dos economías cercanas, Cuba y Haitípero eso bien podría cambiar pronto.

Cuba disfrutó de un gran auge turístico después de la Segunda Guerra Mundial y hasta su Revolución. Si allí se producen cambios políticos que permitan a las empresas privadas gestionar el sector turístico, no hay duda de que representará una competencia aún mayor que la que enfrentamos hoy con la Península de Yucatán en México. Además, en un ambiente democrático sufriríamos una fuerte competencia en las zonas francas, ya que en ese país no sólo el salario es menor que el nuestro, sino que su fuerza laboral es mucho más educada, por lo que, cuando se creen sus zonas francas, que hoy no existen, competirían tanto con nuestras zonas francas textiles intensivas en mano de obra como con nuestras zonas francas de alta tecnología, como la de Itabo.

Haití tuvo mucho turismo después de la Segunda Guerra Mundialcoincidiendo con una República Dominicana donde la dictadura de Trujillo lo desalentó. Si la situación política en Haití cambia y emerge nuevamente un ambiente positivo para el turismo, esto representaría competencia para nuestro país, aunque también podríamos aprovechar la situación para estimular el turismo que abarque toda la isla, enfatizando los contrastes culturales y económicos entre los dos países.

Hace 40 años había mucha más mano de obra en las zonas francas haitianas que en las nuestras. Dada la experiencia de codevílas nuevas zonas francas haitianas tendrían costos mucho más bajos que los nuestros. Un aspecto positivo sería que con la estabilidad política en Haití se promovería el regreso de los haitianos de nuestro país a su propia patria.

Por otro lado, nuestra geopolítica actual depende mucho de lo que está sucediendo en el Estrecho de Ormuz y los pronunciamientos del presidente Trump ya que el 75% de la energía que consumimos es importada. Nuestras pérdidas en la generación de electricidad y la venta de combustible, consecuencia de las bajas tarifas eléctricas y el subsidio tanto para la electricidad como para el combustible, contribuyen al gran déficit de nuestro presupuesto y hay límites al deseo del resto del mundo de seguir comprando nuestros bonos para financiar ese déficit. La solución a nuestra dependencia energética está en las energías no renovables, en los parques de paneles solares. En España, más de la mitad de su energía proviene de fuentes no renovables y México aspira a alcanzar el 35% en unos años.

Nuestro objetivo esencial debe ser pasar del actual 25% a al menos un 40% de dependencia del sol, el viento y las represas hidroeléctricas. Hay que estimular la inversión extranjera, incluida incluso China, en granjas de paneles solares, aprovechando las tierras planas y con poco uso agrícola alternativo que pertenecen al Estado y que ayer eran del Estado. CEA. En estas propiedades nuestro Estado sería accionista mediante el aporte de la tierra.

Uno de los grandes obstáculos para seguir creciendo lo representa el aumento de 203.735 personas en la nómina pública en los últimos diez años, un crecimiento extraordinario del 35,4%. El espacio en las oficinas públicas ya no alcanza para albergar a tantos empleados, por eso el Gobierno está alquilando “huacas privadas” para albergarlos y no es cierto que la eficiencia del sector público haya aumentado un 35% en los últimos diez años. La digitalización y la inteligencia artificial deberían ayudar a reducir nuestra nómina, porque entre los intereses de nuestra deuda, esa enorme nómina y los déficits presupuestarios, prácticamente no hay recursos para invertir. Mientras que durante los gobiernos de Joaquín Balaguer el 50% del presupuesto se gastaba en inversión, hoy apenas llega al 1% o 3%. Para colmo, se anuncian nuevas obras públicas no prioritarias, como una Carretera Ámbar que apenas reduciría unos minutos el tiempo para llegar de Santiago a Puerto Plata, en lugar de invertir en educación, salud, policía y, por supuesto, reducir la corrupción.

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