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lunes, septiembre 21, 2026
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Una señal alentadora sobre la formalidad laboral en República Dominicana

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Mario Méndez

Quizás lo más importante del informe difundido este domingo por el Banco Central Por lo demás, pese a su importancia, la economía dominicana generó 147.456 empleos netos interanualmente entre abril y junio, elevando el empleo a 5.271.005 personas.

Tampoco que la tasa de la ocupación será del 63,2% y la participación del 66,8%. ambos cerca de sus máximos históricos.

Más significativo podría ser, sobre todo si este comportamiento logra convertirse en tendencia, lo que está sucediendo con la informalidad laboral.

No es sólo que la informalidad se ubicó en 53,8%, por debajo de su promedio histórico de 56,7%, sino que, por primera vez en este período, los empleos formales representaron poco más de la mitad de los nuevos empleos: 74.794 frente a 72.663 empleos informales.

Es una señal alentadora de que la creación de empleo podría estar desplazándose, aunque aún incipiente, hacia una mayor formalización.

Es aconsejable, sin embargo, evitar conclusiones excesivas. Una tasa de informalidad del 53,8% significa que más de la mitad de los ocupados continúan trabajando en condiciones informales. La mejora es significativa, pero la estructura del mercado laboral dominicano sigue siendo predominantemente informal.

Los datos cobran mayor relevancia cuando se observa la composición del empleo creado: el 50,7% del aumento neto correspondió a empleos formales y el 49,3% a empleos informales.

Esto nos permite plantear una pregunta económica más importante: ¿está pasando la República Dominicana de una etapa de simple expansión cuantitativa del empleo a otra en la que comienza a mejorar su calidad institucional?

El informe del Banco Central ofrece indicaciones en esa dirección, pero no permite responder definitivamente a la pregunta. La medición de la informalidad no equivale, por sí sola, a una medición integral de la calidad del empleo. Para ello sería necesario observar, entre otros factores, la evolución de los salarios, la productividad, la estabilidad contractual, la cobertura de la seguridad social y el valor añadido por trabajador.

Precisamente por eso, la reducción de la informalidad tiene una importancia que trasciende las estadísticas laborales. La formalización constituye uno de los principales espacios de productividad potencial de la economía dominicana, porque implica no sólo una mayor protección al trabajador, sino también mejores condiciones de acceso al crédito, la capacitación, la seguridad social y la incorporación de empresas a circuitos de mayor productividad.

Hay otro dato especialmente llamativo en el informe: de los 147.456 nuevos empleados, 127.742 fueron mujeres, equivalente al 86,6% del aumento neto, mientras que los hombres aportaron 19.714.

Esto significa que la incorporación femenina explicó la gran mayoría del aumento neto del empleo durante el período.

Sin embargo, debe hacerse la misma distinción entre cantidad y calidad. La afirmación no permite determinar qué proporción de nuevas ocupaciones femeninas corresponden a empleos formales, mejor remunerados o de mayor productividad. Sería un dato imprescindible para establecer si el aumento de la participación femenina va acompañado también de una mejora cualitativa en su inserción laboral.

El BCRD da una pista sobre la estabilidad del empleo, señalando que el 92,6% de las personas que estaban ocupadas mantuvieron su situación laboral doce meses después, mientras que el 5,9% abandonó la fuerza laboral y el 1,5% quedó desempleado.

Este indicador permite mirar el mercado laboral desde una perspectiva diferente: un mercado laboral dinámico no se mide sólo por cuántos empleos genera en un período determinado, sino también por la estabilidad de estas ocupaciones, su formalidad y, en definitiva, por la productividad y los ingresos que son capaces de generar.

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