El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, posó junto a una gorra con el logo del “veto” al día siguiente de la derrota sufrida en las elecciones legislativas del pasado martes. Y el mensaje es claro: intentará gobernar por decretos.
Pero si las elecciones de mitad de mandato son un termómetro para el gobierno estadounidense, entonces la votación ha ido en contra de las políticas de Trump y el Partido Republicano. Contra el aumento del combustible, alimentos, vivienda, servicios médicos, se suma la feroz cacería que lleva a cabo el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) en varios estados. Y en rechazo a la arrogancia, el popular movimiento MAGA (Make Americana Great Again) y sus políticas supremacistas. Políticas, estas últimas, inspiradas en el llamado “Destino Manifiesto” y la creencia estadounidense en ser un pueblo predestinado por la divina providencia, tema criticado por pensadores como el filósofo y educador estadounidense Michael J. Sandel.
Ahora, Trump está considerando su política a seguir en medio de interrogantes sobre los aranceles, Irán, los bombardeos a barcos en el Caribe, Cuba y Venezuela. ¿Sacrificará a su secretario de Estado, Marco Rubio, o a su jefe de guerra, Pete Hegseth?
Los demócratas ya están manipulando el proceso de impeachment contra el presidente. Y el nombre del “organizador” de la orgía Jeffrey Epstein se menciona en análisis y comentarios. Estas amenazas y otras por venir podrían hacer que Trump pierda el ritmo de su pequeño baile. ¿Cuántos más necesita Irán para ofrecer un poco de distracción?


