San Francisco de Macorís No tiene dirección. Tampoco la tiene la provincia Duarte, de la cual es municipio cabecera. Los egos y rivalidades económicas y políticas de su liderazgo han impedido la aplicación de un plan estratégico con objetivos claros que involucre a todo su pueblo, con sentido de pertenencia.
San Francisco de Macorís es la segunda ciudad más grande y próspera del Cibao, proyectando un dinamismo económico y social sorprendente. Sin embargo, su expansión se desarrolla sin brújula. Los sectores inmobiliario y financiero impulsan un crecimiento urbano que engulle continuamente propiedades agrícolas y ganaderas, con nuevos desarrollos que en su mayoría carecen de planificación y visión de futuro y de un marco general de referencia, que asuma los servicios básicos de drenaje pluvial, alcantarillado sanitario, agua potable, manejo de residuos, tendido eléctrico, acceso adecuado a instalaciones de salud y educación y un sistema de transporte interconectado.
Al mismo tiempo que se construye una circunvalación, la vía que conecta esa ciudad nororiental con la autopista duarte Se trata todavía de una vía local asfaltada, de sólo dos carriles, lo que genera un tráfico caótico, provocando múltiples accidentes con constantes pérdidas de vidas y bienes.
Ante este panorama, el llamado Consejo de Desarrollo y su Plan Estratégico operan más como simples condecoraciones sin capacidad de ejecución ni relevancia real.
Mientras Santiago de los Caballeros Constituye un referente de éxito gracias al apoyo articulado de sus instituciones y al fuerte sentido de pertenencia e identidad de sus ciudadanos. Por el contrario, la histórica ciudad de Jaya sigue atrapada en la prominencia y la competencia entre sus principales figuras, las autoridades gubernamentales y municipales y los líderes comunitarios.
Prueba de ello son los pueriles llamados a paros separados, por parte del Colectivo de Organizaciones Populares y el FALPO, el primero previsto para los días 19 y 20 de este mes y el segundo para los días 6 y 7 de noviembre, sin entender que esta conducta sólo lleva a desprestigiar aún más ese medio de protesta, que viene perdiendo eficacia política y social.
En lugar de paralizar la vida económica y social, perjudicando a la comunidad, principalmente a los más necesitados, estas organizaciones harían bien en suspender sus convocatorias a huelgas y abrir espacios para días de reflexión sobre el papel que deben desempeñar, dirigiendo sus esfuerzos en la formulación de proyectos estratégicos que permitan unificar a todos los sectores, empresariales y populares para impulsar, de una vez por todas, el desarrollo ordenado. Esa región merece y requiere una dirección clara y un liderazgo responsable.


