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martes, septiembre 29, 2026
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¡Santiago no debería crecer a espaldas del agua!

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santiago Está creciendo a una velocidad que requiere transformar la forma de planificar su futuro. La expansión urbana no puede considerar el agua potable como un servicio solucionable, sólo mediante la construcción de nuevos acueductos.

La seguridad hídrica es la premisa estructurante de la planificación y el ordenamiento estratégico del siglo XXI. Hoy no lo es, pero podemos solucionarlo con un pacto real entre todos.

La ciudad pasó de una área de 40 km2 a principios de la década de 2000 a más de 120 km² en la actualidad. Es decir, en poco más de dos décadas se incorporaron más de 80 km2 de territorio urbanizado. La solución es que la infraestructura hidráulica se adelante al crecimiento urbano. Producir más agua significa tener más agua para los hogares.

Él Plan Hidrológico Nacional 2045estima una disponibilidad actual de 4.238 millones de m3 en la cuenca del Yaque del Norte, frente a una demanda de 3.483 millones. Un saldo anual positivo de aproximadamente 755 millones. Pero también registra una presión de agua del 82%.

Ni complacencia ni tensión: hay disponibilidad anual, pero las condiciones estacionales, el crecimiento de la demanda y el cambio climático imponen una planificación.

Él Plan Estratégico 2028 de Coraasan estableció una línea de base del 71,45% de agua no facturada en 2024, con el objetivo de reducirla al 54% en 2028. Una parte vital del desafío es la eficiencia del sistema.

Ahorrar agua también significa producir agua. La reducción de fugas, la micromedición universal, el registro de usuarios, la sectorización hidráulica, el control de presión y el monitoreo digital de flujo pueden generar tanta seguridad como un nuevo acueducto.

Santiago cuenta con importantes inversiones. Rehabilitación del Acueducto La Noriega II y Cienfuegos, con 23 millones de galones diarios. La anunciada ampliación del Acueducto Central del Cibao, con una inversión de RD$9,000 millones, es una oportunidad estratégica. Cada nueva torre, parque industrial, hospital o centro comercial debe demostrar que existe capacidad de agua, saneamiento, drenaje y red para soportarlo.

Aunque antes no se entendió, el plan de la cuenca del Yaque del Norte y la ordenación territorial deben avanzar juntos. La próxima década no se medirá por cuántos millones de galones adicionales podamos producir, sino por cuántos litros logremos conservar, medir, distribuir y usar racionalmente.

Santiago no puede seguir planificando edificios y luego buscando agua. El agua debe anticiparse al territorio. Ésa es una condición vital para la organización, la sostenibilidad y la competitividad.

Hay ciudades que crecen. Hay otros que, además, entienden, planifican y proyectan dónde crecen. Santiago pertenece al segundo grupo. Su experiencia exige mirar con cierta distancia crítica más de dos décadas de planificación estratégica, participación, consulta y construcción institucional.

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