Hay, en Fotoimagen 12, un programa de actividades paralelas, tan rico y bien elaborado, a diferencia de la frecuente improvisación, monotonía y repetición, que ningún interesado en el arte querría perderse.
Sin embargo, obligaciones ineludibles no permiten que muchos aprovechen esta gran oferta. Esperamos que las palabras hayan quedado grabadas y que al menos se publique su contenido esencial.
Ahora pensamos en el cuasi seminario que varios especialistas organizaron sobre el trabajo, la carrera, la personalidad de Quisqueya Henríquezfotógrafo estelar en esta edición, aunque, colectiva e individualmente, el resto de expositores son incuestionables. Lamentando no haber podido asistir, esperamos con ansias su publicación.
El estrellato de Quisqueya Henríquez
Destaca especialmente el primer piso del MAM y, desde que el espectador ingresa al recinto, se dedica a contemplar las fotografías y videos de Quisqueya Henríquez, con la mirada “ensombrecida” por el dolor de una salida tardía, que nos privó de un tesoro de madurez.
Incluso quienes la conocieron, reconocieron y admiraron no siempre fueron conscientes de la magnitud de su creación multifacética, centrada en el pasado, el presente y el futuro, capaz aún de una recreación infinita. En él, la apropiación se convirtió en una reinvención, incluso más impactante que la original.
Esta presentación es extraordinaria en todo su sentido, desde la escenografía -que ya hemos mencionado con entusiasmo- hasta diferentes escenarios y series, es decir, un inmenso trabajo de investigación y conservación, curaduría, presentación y proyección.
Entonces, ¡qué ilusión nos da ver instrumentos de trabajo, materiales, herramientas del artista, ejemplarmente dispuestos!
El Fundación Alberto Cruzcuyas exigencias son notorias, merece cálidas felicitaciones, y en especial Alberto Cruz, eminente coleccionista de Quisqueya Henríquez.
No sólo ha cuidado sus obras, sino que les tiene un profundo respeto y comprensión. La espectacular exposición nos transmite su emoción, al observarla como testimonio, interior y exterior.
Otro elemento expositivo que casi nunca encontramos consiste en pequeños textos que acompañan a cada serie de imágenes o alguna de singular importancia. Queremos aclarar que también los hay junto con las fotografías de Mariano Sánchez y de Héctor Méndez Caratinipero por la complejidad expresiva y técnica de las obras de Quisqueya Henríquez sigue siendo bienvenido. Espero que lean y asimilen esta contribución – que implica tiempo y competencia -: no es simplemente descriptiva.
Por cierto, una fotografía maravillosa tiene un lugar en el espacio, el Helado del Mar Caribe, Premio del Concurso Eduardo León Jimenes y el primero otorgado a una fotografía. Como miembro del jurado entonces, recordamos el asombro y la apasionada reacción.
A pesar de su tentadora belleza, no podía consumirse… y además, hacía referencia simbólicamente a la atracción del Caribe, a su(s) captura(s) más intentada(s) que conseguida(s), en definitiva, a un carácter insólito.
talento infinito
Quisqueya tuvo una dimensión creativa, una fuerza de trabajo impulsiva, con una osadía, una originalidad y una riqueza cultural, que le valieron internacionalmente -como nadie- un reconocimiento, temprano, continuo, creciente, hasta que la Parca se lo llevó.
Todo en su obra -que no se limita a la fotografía y maneja varias categorías donde se unen la riqueza visual y conceptual- la conocimos como dibujante ya expuesta en México. Todo es bello y nada es sencillo, combinando reflexión, memoria, búsqueda y descubrimiento.
La exposición presenta un recorrido biográfico necesario, muy bien concebido, claro y “legible”. También coloca, en otra zona, algunos documentos, textos y fotografías personales. Evidentemente se trata de una síntesis, pero permite prestarles mayor atención.
Nuestro comentario es parcial e incompleto, pero queremos mencionar que, además del regalo de una exposición única y plural, la Fundación Alberto Cruz le ha dado otro regalo, físico y material.
Hay tres carteles muy bonitos, en papel satinado, que los visitantes pueden llevarse. Reproducen, a modo de estampa, fragmentos de fotografías de Quisqueya Henríquez, quien –la primera, creemos– retrataba montones y detalles de basura callejera, es decir, arte y contraste, lo impensable posible… Esto nos recuerda el verso del gran poeta Charles Baudelaire, quien se refería al desperdicio y la suciedad en París: “¡Me has dado barro, y lo he convertido en oro!”.
coda
Photoimagen 12 es un festival de fotografía muy generoso, que “mapea” sus archipiélagos interiores, el primero en el Museo de Arte Modernoluego en distintos Centros Culturales, que, así como es necesario multiplicar las visitas, existen varios textos que le dan vueltas escritas. Finalmente, pudimos disfrutar del compromiso ampliado de Mariano Sánchez en sus fotografías carnavalescas, y de la riqueza etnográfica del maestro puertorriqueño Ernesto Méndez Caratini. A ellos les dedicaremos nuestro próximo texto.


