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martes, octubre 27, 2026
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¡Ordenar lo urbanizado, normar lo urbanizable y preservar lo natural!

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ordenar el suelo urbanizadoestablecer qué terrenos son urbanizables y determinar cuáles deben conservarse para otros usos (no urbanizables) son los resultados que espera la República. Son esenciales para que la planificación territorial fortalezca la creación de riqueza, facilite el crecimiento y alcance la calidad de vida.

Esta clasificación es una decisión vital en la planificación estratégica. Si no se ejecuta de esta manera, el capital inmobiliario se urbaniza según los criterios del fetiche de las mercancías. En lo que no es urbanizable, se acaba construyendo por encima de las fallas sísmicas, patrimonio natural y ecológico de la isla.

La diferencia esencial es que el suelo urbanizado responde a la ciudad que tenemos. Lo urbanizable, a la ciudad que queremos construir; y los preservados, al territorio que debemos proteger para seguir viviendo.

Destacamos que no debe confundirse la propiedad del suelo con su vocación urbanística. El suelo de una nación Es responsabilidad del Estado. El suelo urbanizado expresa la organización concreta de actividades económicas, residenciales y colectivas. El suelo urbanizable representa espacios para decisiones políticas, inversiones y disputas. El suelo preservado nos permite examinar cómo los intereses y las políticas condicionan los recursos naturales.

Una estrategia eficaz determina dónde debe consolidarse la ciudad. También dónde puede expandirse y qué suelos deben protegerse para garantizar la sostenibilidad ambiental, la producción económica, la seguridad y la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras.

Estas tres categorías deben entenderse como instrumentos sistémicos. No se trata simplemente de distribuir tierras, sino de establecer un modelo que articule población, infraestructura, movilidad, recursos naturales, inversiones y desarrollo humano.

La planificación territorial ha tres principios. Primero, consolidar antes de expandirse; aprovechar infraestructura instalada, recuperar espacios y mejorar la calidad. En segundo lugar, urbanizar mediante decisiones vinculadas a la disponibilidad de agua, saneamiento, movilidad y equipamiento. En tercer lugar, preservar las cuencas hidrográficas, la agricultura, los corredores ecológicos y las zonas vulnerables.

las cuencas Nizao, Baní y Ocoa Fueron “ecocididos” para facilitar la urbanización dominicana. San Juan y Santiago no pueden permitir que las cuencas de los ríos Yaque y sus afluentes corran la misma suerte. Cuando se autoriza la expansión urbana aparecen mayores servicios, congestión del tráfico, impermeabilización de suelos, pérdida de árboles, olas de calor y epidemias de crisis cardíacas y diabéticas.

La planificación territorial es una decisión política que hoy asume, con rigor y técnica, el Viceministerio de Planificación y Desarrollo Regional de la Presidencia. Un gobierno que urbaniza caóticamente compromete los recursos que necesita para su crecimiento. Pero una ciudad que preserva sin planificación limita innecesariamente sus oportunidades de desarrollo. La piedra angular está en cuidar el sentido concurrente y estructurante de las intervenciones.

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