São Paulo, Brasil, 25 de octubre de 2026. — Luiz Inácio Lula da Silva ganó la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Brasil contra el senador Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, después de una jornada marcada por la incertidumbre y la intensa competencia electoral.
El resultado representa la continuidad del proyecto político liderado por Lula y una nueva derrota electoral para el movimiento Bolsonaro, que buscaba regresar al Palacio de Planalto con Flávio Bolsonaro como candidato.
La jornada estuvo marcada por cambios en la dirección del escrutinio. Durante los primeros minutos del conteo, Lula parecía estar por delante, pero luego fue superado por Bolsonaro cuando se había contado el 14,29% de las urnas.
Con el avance de la contabilidad, el presidente recuperó la primera posición. Al alcanzar el 75% del escrutinio, registró el 51% de los votos, frente al 48,9% de su oponente, según el corte preliminar difundido durante la noche.
Un día marcado por la suspensión del control
Uno de los hechos más destacados de estas elecciones fue la decisión del magistrado Cristiano Zanin, de la Corte Suprema, de ampliar en dos horas el horario de votación.
La medida respondió a denuncias presentadas por la campaña de Lula sobre supuestas dificultades en el transporte público para los electores en distintas ciudades brasileñas.
Por su parte, Flávio Bolsonaro también había pedido ampliar la votación en determinadas regiones afectadas por las fuertes lluvias.
La decisión judicial provocó una pausa temporal en el recuento y generó confusión en algunos colegios electorales, donde ya se habían cerrado varias mesas.
Casi 160 millones de brasileños fueron llamados a participar en unas elecciones que enfrentaron dos proyectos políticos diferentes en materia económica, políticas sociales, seguridad y relaciones internacionales.
El desafío de un nuevo mandato
Con su reelección, Lula enfrentaría el desafío de gobernar un país marcado por la polarización política y las demandas de crecimiento económico, empleo, seguridad pública y mejores condiciones de vida.
El resultado también tendría repercusiones regionales, debido al peso económico y diplomático de Brasil en América Latina.


