el viaje de Leonel Lirio Comenzó en un rincón cargado de mística. Su primer atelier abrió sus puertas en un pequeño espacio de Plaza Castilla, en la avenida Abraham Lincoln, de la mano de su inolvidable amiga y maestra, la recordada Modesta Castillo.
«Había una energía muy bonita. Ella tenía su clientela habitual y nosotros le sumamos la mía. Juntos creamos una sinergia muy especial», recuerda la diseñadora.
De ese espacio creativo surgió su primer cliente de gran envergadura: el polifacético Cecilia Garcíapara quien todavía hoy confecciona sus majestuosos trajes escénicos. Le siguieron figuras como Nuria Piera, a la que vistió de Gran Soberana esa noche, Edili, Martha Echenique, Luchy Vicioso y Sonia Silvestre. También allí nació el vínculo con su gran amiga y musa, Rosa Hernández de Grullón, iniciando una complicidad que ha desafiado el paso del tiempo.
En cuatro décadas Lirio ha vestido a muchas damas.
Amelia Vega
Pamela Sued
El destino obligó a Leonel a mudar su taller de forma independiente en 2001, permaneciendo en el mismo lugar durante 27 años, en una relación con Modesta que siempre mutó en la de madre e hijo. Sin embargo, la llegada del COVID-19 y la trágica partida de su colega Jenny Polanco rompieron el molde. Pensando que la alta costura desaparecería y priorizando la salud de sus 14 empleados, corrió el doloroso riesgo de cerrar sus puertas. El vacío parecía definitivo, pero la solidaridad de su compañera Elisa Morató, que le abrió las puertas de su propio taller rediseñado, le permitió seguir operando y creando hasta el día de hoy.
Las musas y el voto de confianza
Uno de los mayores desafíos en la carrera de Lirio fue deshacerse de la etiqueta exclusiva del mundo del arte y posicionarse como un “diseñador de sociedad”, ganándose el respeto en un mercado donde los nombres tradicionales ya estaban firmemente establecidos. El repunte definitivo llegó desde la cúpula del Ejecutivo.
“Diseñando para la Primera Dama, Sra. Rosa Gómez de Mejía (fallecida), y para toda su familia significó un impulso absoluto”, afirma el veterano diseñador, añadiendo que llegó hasta allí gracias a la recomendación de sus nueras, Nancy Handall y Janet Rivera.
A partir de ahí, la historia de la moda dominicana sumó páginas inolvidables: el emblemático vestido de novia azul y dorado de Letty Rivera, los quince años color champán de Heidy Paulino, las alfombras rojas de los Premios Casandra y, lo más importante, el vestuario histórico de Amelia Vega, aclamada mundialmente en el Miss Universo.
Los retos de la inmediatez y el sueño de un museo
El panorama de la moda actual dista mucho del de sus inicios. Leonel analiza con lucidez los cuellos de botella de la industria contemporánea: competir con los costos exorbitantes de los materiales de calidad y la tiranía de la inmediatez, donde todo se busca rápido y sin maduración. Además, la dinámica comercial ha cambiado. “Sobrevivir hoy es cada vez más difícil: trajes de alquiler, clientes tradicionales que ahora visten por libre intercambio, nuevas figuras que prefieren rostros jóvenes y estilistas, que imponen su criterio con dominio absoluto sobre el cliente”, confiesa con crudeza.
Memoria Histórica
Cuando se le preguntó por qué el país no tiene un Museo de la Moda DominicanaLeonel se sincera: es su gran sueño frustrado, junto con la creación de archivos audiovisuales históricos. «Se necesita más que ganas. Se necesita inversión e interés institucional. La moda aún no ha causado esa sensación en quienes toman las decisiones. Les tocará a otros, al menos eso espero».
Luego de los recientes y solemnes homenajes recibidos por la directiva de RD Fashion Week dirigida por Melkis DiazEn la Revista Mercado de Santiago y en el emotivo pergamino de la Cámara de Diputados, Leonel Lirio mira su carrera con la tranquilidad del deber cumplido.


