El reciente espectáculo en el Teatro nacional No fue un hecho casual ni una gala aislada. Fue una contundente y vibrante exposición organizada por el Ministerio de Educación para exponer el talento que se viene desarrollando en la Modalidad de las Artes desde diferentes centros educativos a lo largo del país.
Quienes estuvimos allí fuimos testigos de un derroche de talento, carisma, disciplina y un nivel técnico que dejó claro que el arte en las escuelas públicas no es un accesorio del currículo, sino un pulmón vital para nuestra juventud.
Es justo reconocer el repunte que ha tenido este ámbito en la actual administración. El propio Ministro de Educación y las autoridades educativas han mostrado una refrescante apertura.
El ministro ha admitido honestamente que, antes de asumir su cargo, no entendía del todo el alcance de esta modalidad; Sin embargo, ha decidido impulsarlo con convicción porque cree en el arte y la cultura como motores del desarrollo humano. Ese apoyo institucional se nota en los escenarios; Hay un cambio de ritmo y una voluntad política que antes no existía.
Sin embargo, para que ese brillo no se limite a los aplausos de una noche de gala, nos vemos obligados a mirar la otra cara de la moneda.
Urgencia Alfa
Comprender el arte en el aula ya no es un lujo pedagógico, es una urgencia histórica. Mientras que los Baby Boomers y la Generación
Esta cohorte no conoce un mundo sin interactividad; Para ellos, la frontera entre lo real y lo creativo ha desaparecido. No son estudiantes que esperan recibir información pasiva; Son creadores natos que necesitan del arte para decodificar un mundo que ya no es convencional ni tradicional.
Como señalan sociólogos y firmas de tendencias como McCrindle, esta es la cohorte más estimulada visualmente de la historia. Son nativos digitales puros que miran la vida desde otra perspectiva: no la ven de forma convencional o tradicional.
Para estos niños, el mundo no se procesa mediante una memorización rígida o las estructuras lineales del siglo pasado; Su lenguaje natural es la cocreación, la expresión visual y la interactividad. El arte, para ellos, no es un hobby de fin de semana, es su forma de procesar la realidad y construir su identidad.
pared convencional
A pesar de los maravillosos frutos que cosechamos hoy –que han requerido profundos planes de intervención para nivelar y estructurar los centros– persiste una resistencia arcaica dentro del propio sistema educativo.
Todavía hay tomadores de decisiones, e incluso docentes, que ven el arte con escepticismo. Prevalece una visión limitada que sólo da valor real al bachillerato general o a la carrera técnico-profesional enfocada a los negocios y oficios tradicionales.
Para el «docente convencional», la Modalidad de Artes parece ser un estorbo o una opción menos digna, bajo el entendido erróneo de que el estudiante «sólo necesita estar preparado para aprobar las Pruebas Nacionales».
Se ignora que el arte es, en sí mismo, una habilidad ocupacional de muy alto valor en la economía naranja actual, y que restarle valor es darle la espalda al futuro del empleo.
socorrista social
Debemos entender que fortalecer estos centros es, quizás, la estrategia más poderosa que tenemos para sacar a nuestros niños de las calles. En un contexto social complejo, donde el lado perverso del mundo urbano acecha con promesas vacías y comportamientos riesgosos, el arte ofrece propósito, pertenencia y disciplina.
Un joven que cambia las esquinas por un instrumento, un pincel o el escenario del Teatro Nacional es un joven que cierra la puerta a la vulnerabilidad social.
Desafío mediático
Estamos en una época donde las malas noticias son las que venden y lo negativo acapara los titulares. Por lo tanto, visibilizar estos logros es un acto de responsabilidad periodística y social. Hay miles de jóvenes formándose con excelencia y muchos otros buscando opciones de vida diferentes.
El repunte de la Modalidad de las Artes es real y hay talento de sobra en las provincias de nuestro país. Ahora el gran desafío es institucional: el sistema, desde sus fundamentos y su mentalidad docente, necesita entender que formar artistas es también formar ciudadanos críticos, sensibles y productivos.
El Teatro Nacional fue el síntoma de lo que somos capaces de lograr; El objetivo debe ser que esta excelencia deje de ser la excepción de un acontecimiento y se convierta en la norma de la educación dominicana.



