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viernes, octubre 16, 2026
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La caída de los “influencers” en España

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EFE EFE

Érase una vez los “influencers”. Hubo un tiempo en que parecían intocables. Eran creadores de contenidos que habían llegado a transformar fundamentalmente las reglas de la publicidad y la comunicación, presentándose como la alternativa fresca y cercana a las celebridades tradicionales y los medios de comunicación habituales.

Sin embargo, ese idilio entre las estrellas de las pantallas y su comunidad se ha ido resquebrajando y el desencanto parece haber alcanzado su punto máximo en forma de una marea de suscripciones masivas, cancelaciones públicas y campañas de boicot articuladas en torno a un mismo fenómeno viral: «la caída de los ‘influencers'».

El eclipse de la credibilidad

Para entender el estallido actual es necesario remontarse al 2024. Ese año, la modelo y creadora de contenidos Haley Kalil (conocida como Haleyy Baylee) compartió un video en TikTok donde lució un ostentoso tocado mientras reproducía un famoso audio: “Déjalos comer pastel”.

La publicación no tardó en superar la 21,6 millones de visitas.

Sin embargo, su viralidad no vino de la mano de un impacto positivo: en un contexto marcado por la inflación, la crisis inmobiliaria y la inestabilidad internacional, la ligereza con la que la frase erróneamente atribuida a María Antonieta fue visto por el público como una prueba de la distancia entre las élites virtuales y la vida real.

Ese episodio no fue un caso aislado, sino el síntoma visible de un malestar latente. El terreno ya estaba fertilizado tras las sanciones millonarias impuestas en Italia a Chiara Ferragni por irregularidades en supuestas campañas benéficas, o críticas a la opulencia exhibida durante la Met Gala.

A esto se sumó la pérdida de confianza en el propio contenido: cuando el gurú del maquillaje Mikayla Nogueira fue señalado por supuestamente usar pestañas postizas en un video pago para promocionar la máscara de pestañas Telescopic Lift de L’Oréal, una controversia denominada «MascaraGate», los usuarios comenzaron a cuestionar cuánta autenticidad había detrás de las recomendaciones patrocinadas.

Sin embargo, la chispa definitiva que encendió la mecha a mediados de agosto de 2026 tuvo un protagonista inesperado: el creador de contenidos Carlos Garcíaconocido popularmente como Carliyo el Nervo.

A través de sus perfiles, el andaluz descalificó el despliegue informativo y de interés científico en torno al eclipse total de Sol del pasado 12 de agosto, calificándolo de “cortina de humo histórica” orquestada por las instituciones.

«Hay problemas en todas partes. Estamos ante una cortina de humo y el mundo entero se está cayendo. ¿A quién carajos le importa el eclipse? A nadie», dijo en la grabación. La respuesta de las redes no se hizo esperar: miles de usuarios criticaron sus palabras, recordándole señales anteriores de desconexión con los problemas cotidianos.

La indignación individual se convirtió en un síntoma colectivo, que otros ejemplos alimentaron. Uno de ellos fue el caso de la “influencer” Fabiana Sevillanocon declaraciones que mostraban su desconexión con la realidad social: “la gente ha tenido tres meses de verano como cada año, pero yo he tenido un mes”.

Recientemente, el “youtuber” Willyrex Protagonizó un episodio más de esta ola de cancelaciones a raíz de contenidos grabados en colaboración con Zazza el Italiano. En el vídeo, el español aparece en el barrio madrileño de Lavapies caracterizado como alguien sin hogar, protagonizando diversos “desafíos” relacionados con otras personas en situación de vulnerabilidad.

Los internautas han criticado duramente a ambos creadores de contenidos, señalándolos de “lucrarse instrumentalizando la pobreza de los demás”.

Radiografía de la desconfianza

La paradoja económica del sector es evidente: nunca antes se había invertido tanto dinero en un modelo que genera tantas dudas. Según mediciones de mercado compiladas por Ringly.io, la industria global del marketing de influencers ha superado los 32.550 millones de dólares en inversión publicitaria entre 2025 y 2026.

Sin embargo, este despliegue presupuestario choca frontalmente con un colapso histórico de los índices de credibilidad. Una auditoría internacional desarrollada por la firma HypeAuditor En más de 8,7 millones de perfiles, encontró que la actividad fraudulenta y las granjas de cuentas automatizadas o bots ya afectan al 41,3% de las cuentas analizadas.

Además, según un informe de investigación global de Clutch, el 53% de los consumidores admite que su confianza en un producto disminuye si saben que al creador se le ha pagado por recomendarlo.

De hecho, casi la mitad de los encuestados afirma no haber comprado ningún artículo patrocinado en el último año debido al escepticismo reinante. Una brecha entre el público y las grandes estrellas virtuales que también ha recogido otra investigación transnacional de la agencia EnTribe.

Según datos publicados en The Drum, el 86% de las personas encuestadas reconoce confiar más en las experiencias compartidas por los usuarios anónimos que en las de los prescriptores profesionales, a quienes sólo un discreto 12% apoya a la hora de tomar decisiones de compra.

El diagnóstico de esta fatiga colectiva lo resume el fundador y director ejecutivo de EnTribe, Adam Dornbuschseñalando que “los consumidores de hoy son muy conscientes”, advirtiendo así del rechazo generalizado a los mensajes excesivamente guionizados o artificiales.

Según un análisis publicado por CreatorPlace, las grandes empresas están desviando sus presupuestos hacia contenidos generados por usuarios cotidianos y colaboraciones especializadas.

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