Científicos argentinos identificaron una secuela poco conocida del cáncer de mama: Las mujeres que han padecido la enfermedad presentan mayor rigidez arterial que aquellas sin antecedentes, incluso años después de haber sido dadas de alta de oncología.
Esta alteración persistente, asociada con un mayor riesgo de ataque cardíaco, accidente cerebrovascular y otros eventos cardíacos, fue descubierta por un equipo de investigadores de Hospital Universitario Austral, Universidad Austral y CONICET. Su trabajo, publicado recientemente en la prestigiosa revista internacional Cardio-Oncology, aporta nueva evidencia sobre el impacto cardiovascular del cáncer más común entre las mujeres argentinas.
El descubrimiento marca un punto de inflexión en la atención médica. Al demostrar que la rigidez de las arterias persiste al menos cinco años después de finalizar el tratamiento del cáncer de mama, el estudio obliga a repensar el seguimiento a largo plazo e incorporar el control cardiovascular como pilar esencial en la vida después del cáncer.
¿Por qué la investigación marca un antes y un después?
Para comprender el alcance del descubrimiento, basta observar cómo funcionan las arterias. En condiciones normales son elásticos: se expanden y contraen con cada latido del corazón para amortiguar el flujo de sangre. Cuando se endurecen, el corazón se ve obligado a bombear con más fuerza, lo que acelera el desgaste del sistema circulatorio y aumenta el riesgo de complicaciones.
Lo habitual es que el arterias Pierde flexibilidad debido a factores de riesgo tradicionales: edad, hipertensión arterial, colesterol alto, diabetes, obesidad, tabaquismo o sedentarismo. Para aislar el impacto real del cáncer de mama, los científicos aplicaron una metodología estadística que permitió comparar pares de pacientes prácticamente idénticos en todas estas variables. La única diferencia fue la historia oncológica.
Los investigadores analizaron más de 2.300 mujeres entre 35 y 65 años sin enfermedades cardíacas previas y con la velocidad de la onda del pulso medida, el indicador de referencia global para evaluar la elasticidad vascular. El resultado fue abrumador: incluso compartiendo el mismo perfil de salud, el mismo peso y la misma edad, las sobrevivientes de cáncer de mama tenían arterias significativamente más rígidas que sus pares.
Las razones del fenómeno.
Si bien el trabajo no permite determinar con certeza qué causa este fenómeno, la hipótesis más fuerte de los autores es que se trataría de un proceso multifactorial, en el que confluirían: toxicidad vascular de algunos tratamientos oncológicos (como determinados regímenes de quimioterapia), una inflamación persistente de bajo grado (una respuesta corporal que puede mantenerse incluso después de haber superado el cáncer) y una serie de cambios metabólicos y celulares (que alteran el funcionamiento normal de los vasos sanguíneos y aceleran el envejecimiento de las arterias). Esta combinación explicaría por qué la alteración persiste incluso años después de haber superado el cáncer de mama.
Para contrarrestar esta secuela, los autores proponen incorporar la medición de rigidez arterial —un estudio sencillo, rápido y sin pinchazos—como herramienta clave de control preventivo. De esta forma, se identificaría precozmente a los pacientes con mayor desgaste vascular y se diseñarían estrategias personalizadas de protección cardiovascular -con hábitos saludables, ejercicio o medicación- mucho antes de que apareciera cualquier síntoma.
Así se menciona en este trabajo de relevancia internacional, realizado por un equipo multidisciplinario de especialistas argentinos: los doctores Renzo Melchiori, Manglio Miguel Rizzo, Noelia Brenzoni, Héctor González Alemán, Pamela Alarcón, Guido García, Alejandro Hita y Sergio González. Los investigadores pertenecen a las Unidades de Cardiometabolismo y Cardiooncología y al Departamento de Oncología Clínica del Hospital Universitario Austral, así como al Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (Universidad Austral – CONICET).
“Desde hace varios años, los cardiólogos, en conjunto con los oncólogos, venimos observando aspectos epidemiológicos que convergen entre la enfermedad oncológica y la patología cardiovascular y esto es de gran relevancia dado que nos interpela sobre la posibilidad de identificar nuevos criterios en la estratificación del riesgo en esta población en particular. Es por eso que desentrañar aspectos fisiopatológicos que nos permitan comprender este problema también nos permitirá proteger mejor a nuestros pacientes”, afirma el Dr. Alejandro Hita, consultor de Cardiología del Hospital Universitario Austral.
Por su parte, el Dr. Manglio Miguel Rizzo, jefe de Oncología Clínica del Hospital Universitario Austral y miembro del grupo de trabajo de inmunobiología del cáncer del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (CONICET-UA), destaca la responsabilidad del equipo médico ante el avance de los tratamientos: «Comprender el impacto a largo plazo que tiene el diagnóstico de cáncer y sus tratamientos en los pacientes es particularmente relevante hoy. Los pacientes con antecedentes de cáncer curado son cada vez más numerosos, y saber cuidarlos para prevenir otras enfermedades es responsabilidad de todo el equipo multidisciplinario.»
Finalmente, la Dra. Renzo Melchiorijefe del servicio de Ecocardiografía y coordinador de Cardio Oncología del HUA, resumió la relevancia del hallazgo: «Nuestro trabajo aporta más evidencia a la creciente idea del impacto arterial a largo plazo del llamado binomio cáncer-tratamiento. Cabe señalar que, con los mismos factores de riesgo cardiovascular, los pacientes con antecedentes de cáncer de mama presentan mayor rigidez arterial, después de 5 años de superar la enfermedad. Esto nos desafía a optimizar las estrategias de prevención primaria cardiovascular en estos pacientes que, generalmente, no «están representados en las poblaciones a nivel cardiovascular». riesgo.»


