Los resultados de la Pruebas PISA 2025 siguen generando una preocupación comprensible. El deterioro observado a escala internacional abrió un debate sobre sus causas y las medidas correctivas necesarias. Esta vez, entre otros temas relevantes, los datos mostraron una asociación entre el rendimiento académico y el apoyo familiar. Este apoyo se expresa en acciones tan simples como preguntar a los estudiantes qué hicieron en la escuela o hablar con ellos sobre los problemas que enfrentan.
En el caso dominicano, la responsabilidad de la familia en el proceso educativo está expresamente reconocida en el Ley General de Educación. Nuestra legislación estipula que es deber de los padres interesarse por el progreso de sus hijos en la escuela y apoyar los esfuerzos de los maestros. Sin embargo, las tendencias observadas en PISA apuntan en la dirección opuesta. En 2022, el 65% de los estudiantes dijo que sus padres o tutores les preguntaron al menos una vez a la semana qué hacían en la escuela; en 2025, la proporción había caído al 49%. El porcentaje de estudiantes que hablaron semanalmente con sus padres sobre los problemas que tienen en la escuela disminuyó del 56% al 37%.
La disminución del apoyo familiar se observa en casi todos los países que participan en PISA y sus causas merecen un estudio más profundo. Es razonable pensar que refleja transformaciones en la vida familiar y en la dinámica del mercado laboral. En cualquier caso, el hecho sirve para recordar que la educación no empieza ni termina en la puerta del campus escolar. Familia y escuela forman dos ámbitos inseparables del proceso educativo. Ninguno logrará por sí solo los resultados que todos queremos.


