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lunes, septiembre 7, 2026
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Entre el ruido político y las soluciones ambientales reales

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Si bien el panorama mundial actual deja mucho que desear, dado que los genocidios y crímenes de lesa humanidad se exhiben sin la menor vergüenza, mostrando el odio que una parte de la humanidad utiliza como aliciente diario, también hay una cara de la moneda que podría hacer más prometedora nuestra estancia en este planeta.

Si bien unos pocos viven a expensas del desorden, la depredación y las guerras, hay científicos y comunidades que muestran evidencia de que se puede reducir la temperatura de las ciudades y limpiar la calidad del aire plantando más árboles. Un estudio publicado en 2025 en la revista npj Urban Sustainability encontró que un aumento del 10% en la cubierta arbórea reduce la temperatura del aire en 0,8°C, y un aumento del 30% puede reducirla hasta 1,5°C en áreas propensas al calor. La vegetación urbana no es un adorno: es infraestructura climática.

El sargazo, esa macroalga que en 2025 alcanzó 38 millones de toneladas flotando en el Atlántico y el Caribe -casi el doble del récord anterior- también está encontrando usos inesperados. Proyectos dominicanos como SOS Carbon y Origin by Ocean han sido seleccionados por el BID y BID Lab para transformar el sargazo en bioestimulantes agrícolas, alimentos para animales, cosméticos y productos libres de arsénico a través de biorrefinerías patentadas. Otras iniciativas exploran su conversión en biogás, fertilizantes, bioplásticos y biomateriales para la construcción. En el INTEC, investigadores han demostrado cómo el sargazo se puede convertir en bioplásticos, fertilizantes y materiales de construcción. Lo que para muchos es basura, para otros es biomasa útil.

Sin embargo, la frase común es decir “no somos Suiza”, quitando al dominicano cualquier deseo o iniciativa positiva hacia cualquier convivencia en armonía, tanto con el medio ambiente como entre los ciudadanos.

Mientras tanto, las autoridades dominicanas están consumidas en invertir en su imagen personal al punto que ya se está normalizando entre comentaristas y personas influyentes en los medios, diciendo que tal o cual acción o situación no está bien o no debe permitirse porque eso «afecta la imagen» del funcionario en cuestión. ¿Dónde quedó la época en la que las buenas acciones y la eficiencia eran la mejor carta de presentación?

La comunicación política le ganó a la política y ahora todo se basa en aparentar y que los mercenarios alardeen de lo bueno que eres.

Pero, lo más tremendo, es que esto no sólo contribuye a la desafección de muchos que no ven los avances que se predican, sino que también expone la escasa capacidad de análisis de la sociedad en general, en contraste con la supuesta sociedad de la información en la que vivimos.

Todas estas pruebas y acciones positivas, que nos llegan en titulares mayoritariamente internacionales, no somos capaces de verlas en acción y ese vacío hace que nosotros, quienes nos preocupamos por el medio ambiente, sintamos que estamos estancados como país en cuanto a buscar soluciones reales a problemas que realmente nos afectan a todos: la basura, la contaminación, la falta de parques, el detrimento de los ríos y la mala calidad del agua y el aire. Es decir, lo que realmente aporta a la salud.

Vemos positivamente que, según noticias de la CAASD, se han retirado varias toneladas de residuos sólidos de quebradas en el Gran Santo Domingo –ropa, colchones, plásticos, envases– que dificultan el flujo de agua y agravan el riesgo de inundaciones, recuperando así cerca de 25 kilómetros de quebradas. Sin embargo, tal y como ha reconocido la propia institución, «ningún sistema de saneamiento puede soportar el volumen de basura que se tira cada día». Es decir, limpiar e higienizar es posible, pero no hemos llegado al punto en que sea suficiente; No existen reglas claras, régimen de consecuencias o control que impidan que estas áreas vuelvan a ser las mismas.

Y no es que falten iniciativas. República Dominicana ha puesto en marcha proyectos como Plastic Reboot, que busca evitar que más de 11.000 toneladas de residuos plásticos entren al medio ambiente en los próximos cinco años. Sin embargo, esto fue en diciembre del año pasado y, hasta la fecha, no hemos visto medidas que impidan el deterioro de espacios públicos como ríos, parques y playas, más allá de la voluntad personal de quienes pasamos por allí. Por el contrario, han aumentado las denuncias sobre la inconsciencia de quienes acuden a estos lugares y dejan todos sus desechos.

Lo mismo ocurre con la Hoja de Ruta para reducir la contaminación plástica, que pretende reducir los plásticos desechados en ríos, lagos y océanos de 244.000 toneladas en 2022 a sólo 18.000 en 2040. Lo triste es que estamos en un vacío legal, según el Observatorio Nacional de Protección al Consumidor (ONPECO), que recientemente instó al Congreso Nacional a fijar una fecha definitiva para la eliminación del plástico de un solo uso y la espuma.

Y así aparecen varios acuerdos, iniciativas y proyectos con propósitos muy nobles en materia ambiental, el problema es que no se convierten en una política central del gobierno, todo queda en el papel y, al mismo tiempo, se desconoce el destino del supuesto reciclaje gracias a estas iniciativas.

Para colmo, estas cosas terminan pasando a un segundo plano cuando cada vez hay más personas en el país luchando por sobrevivir y hacer frente a la situación económica, con el alto costo de la vida: alimentos, electricidad, gasolina, educación, medicinas, vivienda, tasas de interés, etc., entre más calamidades, lo que menos les importa es dónde termina la botella de plástico de agua que consumen.

Creo que hay espacio para el optimismo, y que están dadas las condiciones para que la humanidad deje de lado los egoísmos, acabando con las guerras y la depredación del planeta, pero al mismo tiempo, en nuestro pedazo de isla, seis años después viendo que este Gobierno hace retroceder todas las cifras que iban mejorando, a pesar de que aún no habíamos alcanzado el Estado de Bienestar que soñábamos, es evidente que estas personas nos han llevado por el camino de piedra y no confío en lograr el bienestar común con el PRM en cobrar, porque aunque los parques nacionales ahora tienen títulos, la tala de árboles, el saqueo de material en los ríos, las barcazas de Azua, la contaminación de represas, entre otros, demuestran una falta de compromiso real con los recursos naturales.

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