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lunes, octubre 26, 2026
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El país pone a prueba autonomía de personas con discapacidad

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Aritmética asesina

Hainan Reynoso Uribe

A miles de personas con discapacidad En República Dominicana moverse por la ciudad, utilizar el transporte público, realizar una operación bancaria o acceder a un servicio digital pueden convertirse en una serie de obstáculos.

Aceras intransitables, instalaciones inadecuadas, andenes inaccesibles y prácticas discriminatorias les dificultan ser autónomos y ejercer sus derechos.

Las estadísticas oficiales muestran estas necesidades. Según el Censo 2022 los residentes en República Dominicana residen 478.300 personas con discapacidad de cinco y más añosequivalente al 4,8% de la población de ese rango de edad. De ellos, el 50,5% tiene importantes dificultades para ver, incluso con gafas, y el 49,4% tiene dificultades para caminar o subir escaleras.

Asimismo, el El 20% tiene dificultades para oír y el 19,7% tiene dificultades para comunicarse. Los datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) reflejan necesidades diversas, aunque no miden las barreras ambientales.

La experiencia de Domingo Asencio, abogado del Consejo Nacional de la Discapacidad (Conadis), ilustra esa distancia. Recientemente, una entidad financiera intentó exigirle un acta notarial para realizar una operación por ser ciego.

Asencio cuestionó el procedimiento y logró resolverlo, pero advierte que alguien sin conocimientos jurídicos podría verse obligado a cumplir con esa exigencia. «Pero no es que Domingo resuelva. «Eso le podría pasar a otra persona», dice.

Para el abogado, el problema es mayor: «Hay una gran brecha entre lo que es la ley y lo que sucede en la calle».

Obstáculos en las calles

Entre las barreras más visibles se encuentran aceras ocupadas por vehículos y comercios, alcantarillas sin tapa, vallas e intersecciones peligrosas, que dificultan el movimiento de personas con discapacidad visual o motriz.

Asencio visión perdida entre siete y ocho años. Reanudó sus estudios a los 21 años, completó el bachillerato, se graduó como abogado y realizó una maestría en Derecho Laboral.

Desde joven viajó solo entre San Cristóbal y Santo Domingo para estudiar inglés en el Instituto Cultural Dominicano Americano. Aprendió a reconocer pendientes, curvas, puentes, cambios de pavimento y sonidos para identificar sus recorridos. “En aquella época yo era un maestro en movilidad”, recuerda.

Esa experiencia le permite orientarse, pero en espacios desconocidos puede necesitar ayuda para localizar entradas, escaleras o salidas.

El Metro ha facilitado algunos viajes. Sin embargo, explica que la concentración de pasajeros puede dificultar el uso del bastón, incluso cuando hay pavimento podotáctil.

En edificios sin señalización táctil, una persona ciega puede no saber encontrar la salida, lo que representa un riesgo en caso de emergencia. Asencio advierte que una rampa mal diseñada puede generar nuevos riesgos.

El falta de condiciones adecuadas También afecta a quienes utilizan sillas de ruedas o tienen dificultades de movilidad. Los escalones, desniveles y obstáculos en las aceras pueden impedir el acceso a establecimientos y servicios.

Estas dificultades cobran especial importancia cuando las personas con discapacidad necesitan acudir a centros de salud, instituciones públicas o lugares de trabajo.

La ausencia de rutas accesibles puede limitar tu independencia y convertir las tareas diarias en trayectos que requieren asistencia de terceros.

Para Asencio, los semáforos acústicos, el braille y la señalización elevada y otras ayudas disponibles siguen siendo insuficientes para garantizar los movimientos autónomos.

Barreras digitales

La tecnología facilita las actividades, pero persisten las dificultades para acceder a los servicios digitales.

Asencio utiliza su teléfono para realizar pagos, transferencias bancarias, compras y otros trámites. También utiliza Lazarillo, una aplicación GPS diseñada para guiar a personas invidentes, especialmente útil en lugares desconocidos.

Sin embargo, no todas las páginas de Internet y plataformas digitales son compatibles con lectores de pantalla, herramientas que permiten consultar información y realizar trámites sin asistencia.

Las barreras digitales También afectan a personas con discapacidad auditiva, motriz o intelectual cuando los servicios carecen de subtítulos, mecanismos de navegación adecuados o información comprensible.

Estas limitaciones pueden obligarlo a depender de terceros para realizar tareas que otras personas realizan directamente. Asencio considera fundamental garantizar la accesibilidad de las plataformas digitales.

Discriminación y autonomía

Los prejuicios también condicionan la participación de las personas con discapacidad. Asencio dice que todavía se encuentra con personas que, en lugar de dirigirse a él, preguntan a su compañero sobre asuntos que les conciernen directamente. A lo que él responde: «Estoy aquí.»

Atribuye este comportamiento a la confusión entre discapacidad y discapacidad. Explica que perder la visión no significa perder facultades intelectuales ni la capacidad de tomar decisiones.

También cuestiona la ayuda no solicitada. Recomienda presentarse, preguntar si la persona necesita ayuda y, en caso afirmativo, cómo quiere recibirla.

El problema se extiende a otras discapacidades cuando se supone que una persona no puede estudiar, trabajar, comunicarse o decidir por sí mismasin considerar sus capacidades y el apoyo que puedan necesitar.

Para el abogado, respetar la autonomía significa reconocer el derecho de cada persona a decidir sobre sus asuntos y conducirse sin intervenciones innecesarias.

Tres medidas urgentes

Al identificar tres cambios de prioridad Para mejorar las condiciones de las personas ciegas en las ciudades dominicanas, Asencio comienza por asegurar que las páginas de Internet y las plataformas de servicios sean compatibles con lectores de pantalla.

La segunda medida es reducir drásticamente la contaminación acústica provocada por bocinas, altavoces, vehículos con equipos de sonido de alta potencia y unidades utilizadas para anuncios en las calles.

Él ruido excesivo dificulta la orientación y la seguridad de las personas ciegas.

Como tercera medida, Asencio propone liberar las aceras de vallas y otros obstáculos, así como exigir a los ayuntamientos que impidan su ocupación por vehículos y comercios.

La experiencia de Asencio demuestra que estudiar, trabajar y participar en la sociedad no depende sólo de las capacidades individuales, sino también de las condiciones del entorno.

El desafío para República Dominicana es eliminar las barreras que impiden que los derechos reconocidos por la ley se conviertan en una realidad cotidiana.

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