Mientras se escriben estas líneas, el 82 Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). El encuentro reúne a ejecutivos de medios, periodistas y especialistas del continente para examinar los desafíos de la profesión. Entre los temas discutidos, ocupa un lugar especial la competencia silenciosa entre el periodismo tradicional y las nuevas formas de informar sobre los acontecimientos. El resultado de esta competencia tendrá consecuencias para la vida democrática, por lo que la reunión de la SIP debe ser relevante para todos, no sólo para un grupo de expertos reunidos en una sala de conferencias.
El periodismo surgió de la necesidad de conocer lo que sucede en nuestro entorno y adquirió credibilidad a través de la investigación y verificación de los hechos. Una de sus funciones preeminentes es la vigilancia del poder, sometiendo las acciones de las autoridades al escrutinio público. Ambas funciones se han basado en estándares rigurosos que exigen distinguir los hechos probados de las opiniones y rumores. Si esa forma de hacer periodismo sucumbiera, la sociedad pronto se arrepentiría.
Hace treinta años, durante una asamblea similar a la que ahora se realiza en Bogotá, Gabriel García Márquez Pronunció un discurso memorable que tituló “El mejor trabajo del mundo”. Fue mucho antes de la aparición de las redes sociales, pero ya alertaba sobre los riesgos de las tecnologías que avanzaban más rápido que la formación de los periodistas. Pidió preservar el valor de la investigación, la práctica profesional y los criterios éticos. Los medios de comunicación responsables hoy buscan hacer realidad esa aspiración aprovechando las nuevas herramientas disponibles, y no tenemos dudas de que lo lograremos. De esta manera, el periodismo seguirá siendo, si no el mejor, sí una de las profesiones más importantes del planeta.


