El desarrollo de una nación no se mide sólo por el crecimiento de su economía o por la cantidad de obras que construye. También se mide por su capacidad de llegar a cada territorio, generar oportunidades y mejorar la calidad de vida de su gente.
Durante los últimos días, el presidente Luis Abinader ha desarrollado una intensa agenda en Santiago y otras provincias del Cibao. El traslado de su agenda de trabajo a esta región durante tres días, así como sus encuentros con autoridades y sectores productivos, la supervisión de proyectos y la atención a las prioridades locales, constituye una señal importante sobre cómo debemos entender el desarrollo nacional.
La República Dominicana ha avanzado durante décadas alrededor de grandes centros económicos, particularmente Santo Domingo. Este crecimiento ha sido fundamental para el país. El desafío ahora es lograr que la inversión, el empleo y las oportunidades encuentren cada vez más espacios de expansión en nuestras provincias.
En este contexto, cobra especial importancia la visión impulsada por el presidente Abinader a través de la creación de nuevos polos de desarrollo en Manzanillo, Punta Bergantín, Cabo Rojo y Miches. Cada uno de estos territorios tiene condiciones y vocaciones diferentes, pero todos requieren una adecuada coordinación entre infraestructura, inversión, actividad productiva, servicios y capacitación de nuestros pueblos.
Quienes hemos trabajado directamente en la construcción de infraestructura sabemos que una obra no debe entenderse sólo desde su dimensión física. Una carretera no es sólo asfalto: es la posibilidad de que un productor lleve sus bienes al mercado, que una comunidad acceda más fácilmente a los servicios y que una nueva inversión encuentre las condiciones necesarias para establecerse.
Lo mismo ocurre con un puerto, un aeropuerto, un acueducto o un sistema de transporte. Su verdadero valor se manifiesta cuando contribuyen a impulsar la economía, crear empleo y abrir nuevas oportunidades.
Santiago es hoy una expresión concreta de esa visión. Las inversiones en movilidad, agua potable, saneamiento, infraestructura vial y conectividad aérea acompañan el crecimiento económico y urbano de una ciudad que juega un papel fundamental para toda la región Norte.
Esa misma mirada debería extenderse a Manzanillo, por las oportunidades que representa para el Noroeste; a Cabo Rojo, por el nuevo horizonte que comienza a abrirse en el Sur; a Punta Bergantín, por su potencial para la costa Norte; y a Miches, donde el crecimiento turístico debe avanzar de la mano de la preparación de las comunidades para aprovechar las oportunidades que genera.
Descentralizar el desarrollo significa, en última instancia, descentralizar las oportunidades.
Nuestro mayor logro será que cada dominicano pueda encontrar, cada vez más cerca del lugar donde nació y decidió vivir, las condiciones necesarias para estudiar, trabajar, emprender y construir un proyecto de vida.
Cuando los territorios progresan, sus comunidades se conectan y las oportunidades llegan más lejos, no son sólo nuestras provincias las que crecen.
Toda la República Dominicana crece.


