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viernes, septiembre 11, 2026
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El culto al dinero

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Él el dinero compra muchopero no basta para hacer decente una fortuna. La sociedad dominicana haría bien en recordar que los excesos no prosperan solos ni encuentran siempre a sus cómplices en el mismo lugar. Señalar a unos y absolver a otros también es parte del problema.

Pensar que el dinero lo es todo lleva a hacer todo por dinero. Y las aspiraciones legítimas de movilidad económica no pueden confundirse con la loca carrera por romper con las reglas esenciales en pos de acumulación financiera. Es trágico medir la noción de éxito por las cantidades acumuladas o por el deseo excesivo de ostentar hábitos opulentos.

La sociedad dominicana promueve modelos de comportamiento que buscan resultados financieros sin detenerse en los caminos para alcanzarlos. No me gustan las generalizaciones, sin embargo, es seguro coincidir en que los parámetros de éxito y progreso deben reorientarse y levantar referentes dignos que surjan del barrio, callejón, lugar, municipio y visibilizar a quienes, fruto del estudio, el talento deportivo, la rectitud, el apego a los valores familiares y la orientación religiosa, avanzan posicionándose como fuente de inspiración para el resto de los ciudadanos.

En todos los ámbitos de la vida, el dinero quiere prevalecer sobre los verdaderos atributos. Afortunadamente hay cosas que el dinero no puedo comprar. Sin hacer excluyente la parte de responsabilidad, múltiples factores han ido caracterizando el deseo en la loca carrera por el enriquecimiento, pero en el ámbito público parece combinarse el más alto nivel de sed por alcanzar los alarmantes niveles de poder económico que observamos hoy. Incluso el capital procedente del presupuesto nacional ha despertado una desconfianza legítima entre los grupos privados que abiertamente resienten a sus antiguos ayudantes, que se convirtieron en potentados de la noche a la mañana.

Un país tiene que establecer los criterios básicos de una acumulación decente y renunciar al aplauso complaciente de la perniciosa regla de que sólo manda el dinero. Ahí radica el verdadero desafío de su clase dominante: abandonar la comodidad de atribuir todos los excesos a actores públicos, como si en el lado privado sólo hubiera espectadores, como si la complicidad en estos excesos no pudiera convertirse también en beneficio. Una responsabilidad de todos, enfatizada en un sector; Ahí es donde radica la miopía.

Retornar a los valores cívicos, educar desde casa, promover el debate de ideas y la preparación como esencia del respeto y la validación electoral, todo eso está pendiente en la agenda de recuperar la decencia. ¡No podemos esperar más!

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