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domingo, septiembre 20, 2026
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Aulas en la encrucijada

Deberías Leer

El debate sobre la incorporación del kreyòl al sistema educativo dominicano no es sólo una cuestión de idioma. Toca la fibra sensible de la soberanía cultural y expone, una vez más, las deudas estructurales de un modelo de enseñanza que lleva décadas cargando tareas pendientes.

Una propuesta con argumentos que no se pueden ignorar

Quienes defienden la mediación lingüística en las zonas fronterizas tienen razones de peso. Comprender el idioma de su vecino facilita la diplomacia, fortalece la gestión de la salud pública e impulsa el comercio bilateral. También sostienen que reducir la barrera del idioma mejora la convivencia en aulas con mayor diversidad y puede reducir el abandono escolar en estas comunidades.

Son argumentos legítimos. El verdadero problema no es la intención detrás de la propuesta: es el momento en que llega.

Identidad y prioridades

Educadores, sociólogos y legisladores coinciden en algo que no debe ser negociable: la prioridad absoluta de la escuela pública dominicana es proteger la identidad nacional y resolver carencias que hemos tenido durante años. Antes de abrir la puerta a un nuevo idioma en las aulas, el sistema tiene una cita pendiente propia: garantizar que cada alumno domine la lectura, las matemáticas y las ciencias en español.

Supervisión pendiente: lo que dicen los números

Apenas el 8 de septiembre, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dio a conocer los resultados del programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (PISA) 2025, y confirman que la tarea sigue inconclusa. República Dominicana obtuvo 361 puntos en Ciencias, 346 en Lectura y 339 en Matemáticas, muy por debajo de los promedios de la OCDE: 482, 461 y 463 puntos, respectivamente. Casi ningún estudiante dominicano alcanzó los niveles más altos de desempeño en Matemáticas o Ciencias, cuando el promedio de la OCDE en esos niveles ronda el 7-8%.

Esa es la fotografía real de nuestras aulas de hoy. Y es quien debe marcar la agenda.

Si el Ministerio de Educación sigue trabajando para consolidar la calidad de la enseñanza y la formación continua del profesorado, abrir un frente curricular adicional, por muy válido que parezca sobre el papel, distrae recursos hoy vitales de otras prioridades.

Calendarios externos

También cabe preguntarse, sin miedo, si esta propuesta nace de una necesidad sentida por las comunidades fronterizas o si responde a agendas y líneas de financiamiento de organismos internacionales. Ante cualquier presión externa, la pregunta correcta es sólo una: ¿la iniciativa respeta el mandato de la Ley General de Educación y fortalece la soberanía de nuestro sistema, o la compromete?

Primero los pilares, luego el techo.

La integración genuina comienza en casa: que cada estudiante dominicano comprenda y valore su historia, sus símbolos y su cultura, a través de un sólido dominio del español. Abrir el debate sobre otros lenguajes antes de sanar la propia aula es construir el techo sin haber levantado los pilares de la casa.

¿Responde este debate a una urgencia pedagógica real o a la presión de agendas internacionales?

¿Podemos permitirnos abrir nuevos frentes en la enseñanza, sin cerrar primero las brechas históricas en nuestro propio sistema?

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