spot_img
29.4 C
Santo Domingo
miércoles, octubre 14, 2026
spot_img

La democracia del favor

Deberías Leer

parte 3

El democracia No se sustenta únicamente en la buena o mala voluntad de quienes gobiernan. Necesita límites, equilibrios y mecanismos de control que impidan la concentración del poder y corrijan sus excesos. Como advierte O’Donnell, las democracias no sólo requieren responsabilidad vertical —el control ejercido por los ciudadanos a través del voto—pero también la rendición de cuentas horizontal, es decir, la capacidad de las instituciones y poderes del Estado para controlarse entre sí.

En República Dominicana, históricamente, los contrapesos institucionales han sido frágiles. Si bien la Constitución consagra formalmente la separación de poderes, en la práctica el Poder Ejecutivo ha ejercido una influencia desproporcionada sobre los Poderes Legislativo y Judicial, debilitando su capacidad de supervisión y control. Esta subordinación ha facilitado el uso discrecional de los recursos públicos y ha creado condiciones propicias para la expansión del clientelismo, la corrupción y la impunidad.

Es justo reconocer que en los últimos cinco años hemos podido avanzar –no con la velocidad y profundidad que necesitamos– en una mayor independencia de la justicia, especialmente en el Ministerio Publicoy en la creación de un nuevo mecanismo más democrático con menos captura partidista para la selección de jueces del tribunal superior. Este ha sido uno de los puntos positivos del gobierno del presidente Abinader.

Siguiente Pierre RosanvallonLa democracia contemporánea no puede reducirse al momento electoral. Requiere formas permanentes de control, vigilancia y exigencia de rendición de cuentas.

El poder social como contrapeso informal

Más allá de los poderes formales del Estado, existe un actor fundamental para el funcionamiento de la democracia: el poder social.

Este poder se expresa a través de las organizaciones comunitarias, movimientos sociales, sindicatos, sindicatos, iglesias, medios de comunicación, organizaciones de la sociedad civil y las diferentes formas en que los ciudadanos se organizan para defender intereses colectivos, reclamar derechos y participar en los asuntos públicos.

Él poder social No forma parte de la estructura institucional del Estado ni tiene las competencias constitucionales de los poderes públicos. Su fortaleza radica en la capacidad de los ciudadanos organizados para influir en las decisiones públicas, generar opinión, colocar temas en la agenda nacional y exigir respuestas a quienes ejercen el poder. Es, en ese sentido, un contrapeso informal, pero fundamental, a una democracia sólida.

En nuestro país hemos tenido importantes manifestaciones de ese poder social. La lucha por el 4% para la educación convirtió una demanda ciudadana en un tema central de la agenda nacional durante años. La Marcha Verde movilizó a miles de ciudadanos en torno a la lucha contra la corrupción y la impunidad. El Plaza de la Bandera Mostró una vez más la capacidad de movilizar a la sociedad, especialmente a los jóvenes, ante una crisis institucional.

Más allá de las diferentes valoraciones que puedan hacerse de cada uno de estos movimientos, los tres demostraron algo fundamental: los ciudadanos pueden organizar e influir en la vida pública más allá de los partidos políticos y los procesos electorales.

Sin embargo, la fragmentación organizacional, la cooptación política y la precariedad económica limitan la capacidad de los ciudadanos para sostener esta participación de manera permanente.

De votantes a ciudadanos

Superar esta realidad implica pasar de una democracia de votantes instrumentalizados a una democracia de ciudadanos plenos. Esto requiere no sólo reformas institucionales, sino transformaciones estructurales destinadas a reducir la pobreza y la desigualdad, garantizar bienes públicos universales y fortalecer la independencia del sistema de justicia.

Construir una democracia funcional requiere reemplazar la lógica del favor por la lógica de la ley. Sólo así el voto podrá recuperar su significado original como expresión de la soberanía popular y como instrumento eficaz de control del poder político.

Pero el poder de los ciudadanos no se agota en la votación. Cuando el ciudadano sólo vota, delega el poder; Cuando te organizas, participas y exiges rendición de cuentas, también ejerces poder.

Una democracia fuerte necesita instituciones capaces de limitar y controlar el poder, pero también una ciudadanía organizada que actúe como contrapeso social. Sin ambos, el ejercicio democrático sigue siendo incompleto. Por eso, en momentos como estos de desesperanza, desconfianza y frustración, debemos “armarnos de coraje” y salir a expresar nuestras inconformidades a través de los mecanismos que la Constitución y las leyes nos permiten. No ir a votar es una manera cómoda de expresar descontento con el sistema. Son miles de dominicanos y dominicanas dispuestos a salir a la vida pública desde el servicio y el compromiso social y colectivo, para construir una nueva democracia. ¡Vamos a convocarlos!

- Advertisement -spot_img

Otros Artículos

- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias