Que se reconozca el derecho a estudiar no garantiza llegar a un aula. Tener capacidad para trabajar tampoco garantiza encontrar empleo. Y tener una silla de ruedas puede resolver una necesidad de movilidad sin eliminar escaleras, aceras, transporte o edificios que impidan el movimiento.
La radiografía de la discapacidad en República Dominicana pasa así de las cifras a las oportunidades.
El país cuenta con un marco regulatorio que reconoce los derechos de esta población. El Ley 5-13 para la Igualdad de Derechos de las Personas con Discapacidad y su normativa contempla, entre otros ámbitos, la educación, la inserción laboral y la accesibilidad universal. A esto se suman los instrumentos de planificación pública destinados a eliminar barreras físicas, comunicativas, sociales y culturales.
Sin embargo, los datos de X Censo Nacional de Población y Vivienda 2022 muestran diferencias considerables entre la población con y sin discapacidad en educación y participación laboral. Y las entrevistas realizadas por HOY revelan obstáculos que van desde la infraestructura y el transporte hasta la capacitación, la comunicación y las actitudes sociales.
Tracy Castillo Sandoval, psicóloga experta en educación inclusiva/Hoy.
Brecha
Uno de los contrastes más pronunciados aparece en la alfabetización. Él 22,3% de los niños de cinco años y más personas con discapacidad no saben leer ni escribir, frente al 8,2% entre las que no tienen discapacidad. Por el contrario, el 77,7% de la primera población sabe leer y escribir, frente al 91,2% de la segunda.
La desigualdad se vuelve aún más evidente al observar la trayectoria educativa. El 20,8% de las personas con discapacidad nunca asistió a la educación formal, más del triple del 6,2% registrado entre las personas sin discapacidad. Entre los que asistían a un centro educativo al momento del censo, las proporciones Eran el 10% y el 31,4%respectivamente.
La distancia persiste en los niveles más altos. El 24,7% de las personas con discapacidad había asistido o llegado a la escuela secundaria, frente al 35,4% de las que no tenían discapacidad; A nivel universitario las proporciones cayeron al 12% y 20,2%, respectivamente.
Los números encuentran explicaciones prácticas en las aulas. Tracy Castillo SandovalUna psicóloga especializada en educación inclusiva, atención a la diversidad y orientación escolar, reconoce avances en normativa, recursos y formación, pero también un distanciamiento entre estas disposiciones y lo que ocurre en todos los centros educativos.
«Sí, hay lagunas. Todavía hay lagunas», afirmó. Explicó que no todos los docentes están suficientemente empoderados en la inclusión ni todos los centros son completamente adecuados para dar respuesta a las necesidades de los estudiantes.
Castillo señala que existen aulas específicas como espacios de transición para ciertos estudiantes, incluidos niños con trastorno del espectro autista (TEA) y discapacidad intelectual, antes de su incorporación a las aulas ordinarias, pero no todos los colegios las cuentan.
También advierte que la falta de un diagnóstico previo no debe convertirse en motivo para excluir a un niño de la escuela. Ante indicadores que requieren atención, sostiene, el centro debe activar sus mecanismos de evaluación psicopedagógica y brindar el apoyo correspondiente. Sin embargo, reconoce que no todas las escuelas están igualmente sensibilizadas o conscientes de los procedimientos de la misma manera.
Las dificultades tampoco terminan cuando una persona recibe rehabilitación o un dispositivo de apoyo.
Desde Asociación Dominicana de Rehabilitación (ADR)su directora general, María Luisa Lavernia, y la directora de Operaciones, Apoyo Social y Estadísticas, Anniuska Castillo Luciano, presentan la accesibilidad como una cadena. Una persona necesita poder moverse por su vivienda, salir de ella, utilizar el transporte, entrar en el edificio de destino y acceder, en igualdad de condiciones, a espacios cotidianos como el baño o el comedor.
Fuentes
La institución señala que muchas viviendas presentan obstáculos desde su ingreso y que la cadena continúa en calles, aceras, transporte y edificios.
La situación económica puede agravar estas barreras. Rehabilitación contó HOY el caso de una joven que vive en un tercer piso y solo puede acudir a un hospital un día a la semana. programa de voluntariado inclusivo porque ese día tiene a alguien que la ayude a bajar. La institución también encuentra personas que llegan a sus servicios con dinero sólo para el viaje de ida y requieren ayuda para regresar a sus hogares.
La accesibilidad, por tanto, puede acabar condicionando otras oportunidades.
“Puedes hacer un recorrido y encontrar […] personas con discapacidad, pero cuando sales no los ves en el parque, no los ves en la iglesia, no los ves en el ayuntamiento, no los ves en las plazas», explicó Lavernia al explicar la relación entre transporte, aceras, poder adquisitivo y participación social.
A esto se suman limitaciones en los propios servicios especializados. Rehabilitación informó dificultades para satisfacer la demanda de fisiatras en toda su red y señaló que en algunos lugares cuenta con estos especialistas sólo por períodos limitados.
barreras invisibles
No todas las barreras tienen escalones. Para una persona sorda, por ejemplo, la imposibilidad de comunicarse con alguien que le presta un servicio puede convertirse en un obstáculo tan grande como una escalera para alguien que utiliza una silla de ruedas.
Castillo Sandovalquien tiene experiencia con personas con discapacidad auditiva, identifica precisamente la comunicación como una de las principales dificultades que enfrenta esta población cuando quienes interactúan con ellos no conocen la lengua de señas. Al mismo tiempo, destaca avances como la lengua de señas dominicana, materiales educativos accesibles y recursos disponibles en plataformas educativas.
Pero, para el especialista, la barrera más profunda es la actitud de la sociedad. “La discapacidad no es incapacidad”insiste. En su opinión, las limitaciones también aparecen cuando el entorno físico, la comunicación y la forma en que los demás perciben a una persona le impiden acceder a servicios o desarrollar sus capacidades.
Esta valoración coincide con la definición estadística que sirvió de punto de partida para esta serie: la discapacidad no puede observarse únicamente desde una condición individual, sino en su interacción con las barreras que restringen la participación.
después de contar 478.300 niños de cinco años y más aún en el caso de las discapacidades, el desafío no termina, entonces, en perfeccionar la estadística.
Los datos muestran quiénes se mantienen más alejados de la escuela y del mercado laboral. Las instituciones reconocen avances regulatorios, programas y mecanismos que se encuentran en desarrollo, pero también dificultades en su implementación, accesibilidad y articulación.
Castillo Sandoval resume el desafío desde esta perspectiva: “La inclusión incluye transformación”. Para ella significa transformar los espacios y también la concepción social de la persona, reconociendo su capacidad, sus derechos, competencias y lo que puede aportar.
Contar a las personas con discapacidad las hace visibles en las estadísticas; incluirlos requiere eliminar barreras que condicionan el ejercicio de sus derechos.
Empleo: menor participación
El mercado laboral refleja otra brecha. Según el Censo 2022, la participación de personas con discapacidad es del 43,3%, frente al 58,7% entre las sin discapacidad; la inactividad alcanza el 56,7%, frente al 41,3%. La ocupación también es inferior: el 41,3%, frente a más del 55%. La Ley 5-13 fija cuotas de contratación del 5% en el sector público y del 2% en el sector privado, según explicaron los representantes de Rehabilitación. La entidad advierte que el país aún no cuenta con una medición integral que determine su cumplimiento. Este mecanismo requiere de la coordinación del Conadis, el Ministerio de la Función Pública (MAP), el Ministerio del Trabajo y entidades públicas y privadas.
Consultada por HOY, Conadis informó que el proceso inició en la administración pública con un subindicador en su sistema de seguimiento. También informó sobre comités de inclusión y accesibilidad en al menos 30 instituciones, encuestas de accesibilidad física en 51 y un programa de capacitación para el cumplimiento de la cuota laboral. Son avances, pero describen acciones en desarrollo y no equivalen a una medición nacional del porcentaje de cumplimiento de cuotas. La falta de una medición integral hace imposible establecer qué tan cerca están hoy los sectores público y privado de estas cuotas legales.


