Por Radhamés García González
Sobre las recientes declaraciones del expresidente Danilo Medinaen el que cuestiona la decisión del presidente Luis Abinader de autolimitar sus posibilidades de futuras aspiraciones presidenciales a través de la reforma constitucional de 2024, corresponde poner en perspectiva el verdadero alcance de una modificación que trasciende las coyunturas políticas del presente y debe ser valorada por lo que representa para el futuro de la democracia dominicana.
Esta reforma, impulsada e impulsada por el presidente Luis Abinader, estableció un principio fundamental: las reglas de las elecciones presidenciales no pueden seguir modificándose según la conveniencia del momento político o los continuos deseos del gobernante en el poder. Al blindar, a través del artículo 268, las reglas establecidas en el artículo 124, se dio un paso trascendental para garantizar la estabilidad de la fórmula de elección presidencial, la alternancia en el poder, así como el fortalecimiento de una cultura democrática que deje atrás el personalismo y el caudillismo político en la República Dominicana.
Lo verdaderamente excepcional de esta decisión es que Abinader, que tenía todas las posibilidades políticas para asegurar que las reglas le permitieran continuar, hizo exactamente lo contrario: impulsó una modificación constitucional que le cerró cualquier posibilidad de postularse nuevamente a la Presidencia una vez cumplidos los períodos permitidos constitucionalmente y, al mismo tiempo, dejó esa regla protegida para quienes vengan después. Se trata de un precedente de enorme trascendencia institucional y constituye una contribución al desarrollo de un sistema democrático maduro, en el que el liderazgo político no se mide sólo por la capacidad de alcanzar el poder, sino también por la voluntad decidida de establecer límites para su ejercicio.
El mayor legado de una reforma constitucional de esta naturaleza pertenece a las generaciones que aún no han llegado al poder. La República Dominicana necesita a sus presidentes puede gobernarpero también requiere que sepan cuándo se debe otorgar el poder. Necesitamos un liderazgo fuerte, pero también instituciones cada vez más sólidas. La reforma de 2024 estableció precisamente ese principio: ningún presidente debería ser indispensable para la democracia y ninguna mayoría circunstancial debería poder alterar las reglas fundamentales de la competencia presidencial para favorecer a quien gobierna.
Esta decisión del presidente Abinader constituye un ejemplo concreto de convicción democrática y una garantía de que el futuro político de República Dominicana estará marcado por la reposición de liderazgos, el fortalecimiento institucional y una competencia electoral cada vez más respetuosa de la voluntad ciudadana. Esa es la verdadera dimensión del “nunca más” que consagra esta reforma: nunca más utilizar la Constitución como instrumento para asegurar la permanencia indefinida de un gobernante en el poder.


