La denuncia que hacen los ciudadanos de que cadáveres que se encuentran depositados en la morgue del Hospital Salvador B. Gautier de Santo Domingo, están siendo atacados y mutilados por ratones, es un escenario digno para que Gabriel García Marques, si estuviera vivo, volviera a describir el Macondo de Cien Años de Soledad.
Según las versiones de quienes realizaron la denuncia, el motivo es que este hospital no cuenta actualmente con una cámara frigorífica para depositar los cadáveres, y al lado hay un depósito de basura y excrementos humanos, lo que ha provocado que roedores ingresen al lugar y se coman la carne de los cadáveres.
Recordemos que en febrero pasado, previo al despido del entonces director, José Armando Holguín, los médicos habrían definido el centro de salud como un infierno, como una selva, sin agua, sin equipamiento suficiente en el área quirúrgica.
Todo se derivó de un asalto armado por parte de un delincuente contra un médico que se encontraba de turno.
“Estamos ante un clima de inseguridad que tiene a los médicos estresados y traumatizados por los recurrentes incidentes de inseguridad intrahospitalaria; en este país no hay seguridad para que los médicos realicen su trabajo con tranquilidad”, dijo en aquella oportunidad el doctor Quezada.
Ahora bien, según las personas que acuden al centro de salud; En el lugar se puede respirar y observar un ambiente insalubre que asusta.
Según trascendió, un cadáver cuya nariz fue devorada por ratas tuvo que ser llevado al quirófano para reconstruirlo, so pena de una demanda de los familiares del fallecido, lo que constituye una acción que atenta contra la salud del quirófano o quirófano.
Otro caso que llamó la atención es el de una mujer fallecida, cuyos restos tenían los labios comidos por ratones.
Por estos motivos, el hospital está entregando los cadáveres de inmediato a los familiares, para evitar que se sigan presentando este tipo de situaciones que perjudican la salud.
La situación ya lleva varios días y se espera el agravante del cuarto frío y el retiro del depósito de basura de esos alrededores, temiendo que la situación empeore con las lluvias que caen en el gran Santo Domingo.
Esta situación desmerece la gestión del doctor Minquies Maarlen, nuevo director del citado centro y demuestra que la fiebre no está en la sábana sino en el paciente.
Y parece que el hospital Salvador Bienvenido Gautier, más que un paciente con simples síntomas febriles, es casi un paciente con cáncer terminal.
Espero que el valiente director del Servicio Nacional de Salud, Julio Landrón, regrese allí y termine de hacer la profilaxis que inició en febrero pasado y el centro de salud esté equipado.


