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lunes, octubre 12, 2026
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Haití y República Dominicana necesitan una relación de desarrollo

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Para comprender la relación entre República Dominicana y Haití, debemos mirar la historia de dos naciones que comparten una isla, un territorio y desafíos comunes, pero que desarrollaron culturas e idiomas diferentes. Esta cercanía ha producido momentos difíciles y también una interdependencia que conviene analizar con calma.

Haití atraviesa una grave crisis institucional y de seguridad; La violencia de las bandas criminales, sumada a la falta de acuerdos entre sus principales actores políticos, ha debilitado la vida económica y cotidiana de la población. La crisis no puede reducirse a una sola causa, pero la incapacidad de construir consensos y anteponer el interés colectivo a las disputas individuales ha contribuido a profundizarla.

La economía dominicana ha avanzado en áreas como la industria, el turismo, la agricultura y la manufactura, este desarrollo ha fortalecido su posición económica en el Caribe y ha convertido a este país en un importante proveedor del mercado haitiano, por lo que la relación comercial merece ser observada con datos y sin consignas.

Las cifras citadas para el cierre de 2025 sitúan las exportaciones dominicanas a Haití en 1.202,92 millones de dólares y las importaciones desde ese país en 5,86 millones de dólares. Según estos valores, el superávit comercial dominicano fue de 1.197,06 millones de dólares. Más allá de la magnitud precisa de cada indicador, el intercambio muestra el peso que tiene el mercado haitiano para los productores dominicanos.

¿Quién se beneficiaría de un Haití más estable y próspero? Ambos pueblos, sin duda, pero en un porcentaje mucho mayor República Dominicana, si aumentan los ingresos y el poder adquisitivo de los consumidores haitianos, esto impactaría en un aumento en la demanda de bienes y servicios que las empresas dominicanas están en condiciones de ofrecer; Por lo tanto, la recuperación de Haití abriría oportunidades comerciales y ayudaría a construir una relación fronteriza más dinámica, y también reduciría en gran medida el flujo de migrantes ilegales hacia territorio dominicano.

Por eso preocupa que el debate público se convierta en un concurso de descalificaciones, algunas voces “ultranacionalistas” presentan como una amenaza cualquier vínculo con Haití y alimentan comentarios cargados de prejuicios y afectados por el complejo de inferioridad que las caracteriza. En ocasiones, es por la búsqueda de atención y monetización en medios de comunicación y redes sociales, desplazando el análisis responsable, Haití es nuestro vecino y un socio comercial relevante, discutir sus problemáticas con rigor también responde al interés dominicano.

Una relación de cooperación no elimina la obligación de cumplir con las leyes migratorias, la República Dominicana tiene derecho a regular el ingreso y permanencia en su territorio, y debe hacerlo con procedimientos ordenados, respeto a los derechos humanos y en cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos. La seguridad nacional y la dignidad de las personas deben ser parte de una misma política pública.

El Gobierno dominicano ha impulsado iniciativas y ha hecho llamados a la comunidad internacional para contribuir a la normalización de la vida en Haití. Este esfuerzo debe continuar, junto con medidas firmes contra el tráfico ilícito en la frontera y apoyo a soluciones que permitan recuperar la seguridad y la actividad económica; La estabilidad haitiana no es un asunto ajeno, puede promover el comercio, reducir las tensiones y ofrecer mejores perspectivas para toda la isla.

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