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viernes, octubre 30, 2026
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El valor moral del triunfo de Lula

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Además del valor político y la importancia estratégica, hay un valor moral subjetivo en la victoria electoral de Lula, que no se puede medir en números ni cabe en las estadísticas. Lula es parte de un movimiento democrático y de resistencia a las pretensiones colonialistas de Washington.

Ese movimiento, de tintes progresistas y con tendencia a las reformas sociales, había sufrido sucesivos golpes. La invasión a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa; el fortalecimiento contra la ley y con tintes de genocidio, de la política de cerco y aniquilamiento contra Cuba; la llegada al poder de presidentes ultrarreaccionarios y serviles al imperialismo en numerosos países. El panorama político de América Latina se está oscureciendo y el nuevo fascismo y lo extraño han reemplazado a la decencia.

Miley es una especie de Alofoke argentina y De la Espriella una Alofoke colombiana. Y esta ola reaccionaria aparentemente imparable amenazaba con liquidar el gobierno democrático de Brasil y terminar de pintar de negro el mapa político de América del Sur.

Pero Lula, el viejo zorro, sacó sus garras, remontó la desventaja de la primera vuelta y derrotó al Goliat de la coalición de fuerzas reaccionarias formada por la vieja oligarquía brasileña, la intromisión de Donald Trump y su establo, y los agentes del fraude de alta tecnología manipulados por agentes de Israel.

La victoria de Lula eleva la moral y el espíritu de resistencia de las fuerzas progresistas de América, contribuye a devolver la autoestima al pueblo en lucha, y esa experiencia también señala un camino. El de la fuerza del pueblo movilizado, bajo un liderazgo lúcido y probado como el de Lula.

Ganó Brasil, ganó el pueblo y Lula seguirá gobernando. Pero Lula necesita la correspondiente solidaridad internacional. Sin esperar de su gobierno más de lo que puede dar; ya sea por sus concepciones meramente reformistas, o por las condiciones en las que seguirá gobernando.

Las clases reaccionarias brasileñas han sufrido una derrota electoral, pero conservan un gran poder económico y un enorme peso social y vendrán en busca de venganza; en un país dividido, controlan el Congreso; Lula se enfrenta a un entorno internacional desfavorable y, además, tendrá que lidiar con el descontento social de una parte importante del pueblo a quien no ha podido o no ha sabido satisfacer.

Esperemos que el viejo gladiador haga gala de su inteligencia y experiencia, para poder contar siempre con el apoyo militante de las masas, y superar todos los obstáculos que encontrará en su camino. Muito obrigado, Brasil. Muchas gracias Lula.

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