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jueves, octubre 8, 2026
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Del cabello al control: cómo las normas de género normalizan la violencia contra las niñas

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Santo Domingo.- María Almonte (nombre cambiado) tenía 6 años cuando un Rutina de peluquería convertida en episodio de violencia que todavía recuerda.

«Mi Mami siempre me separaba el cabello con un peine y luego tomaba un rizador para alisarlo.. Un día me golpeó tan fuerte que me doblé la cara. Que molesto estaba porque yo no estaba quieta, los alicates me golpearon en la cabeza y eso me dolió mucho más”, dice María, hoy de 13 años.

Ese episodio lo dejó con dolor, amargura y vergüenza. Su historia muestra cómo una práctica cotidiana de cuidado puede convertirse en violencia cuando se impone mediante la fuerza, el miedo o la humillación.

En el marco de Día Internacional de la Niñaél Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) pone el foco en aquellos Prácticas y normas sociales que, bajo la apariencia de cuidado, protección o disciplina, pueden convertirse en mecanismos de control que afectan el bienestar.autonomía y oportunidades para las niñas.

En la República Dominicana, la prejuicios relacionado con el pelo afro y rizado puede comenzar desde primera infancia. Para algunas niñas, peinarse deja de ser una rutina de aseo y se convierte en un momento en el que aprenden que su cabello debe lucir de una determinada manera y que, para lograrlo, deben soportar dolores o molestias.

Él El problema no está en elegir el peinado.alisa tu cabello o utiliza ciertos productos. El La violencia aparece cuando esa elección ya no es voluntaria y el proceso se impone mediante tirones, golpes, insultos, amenazas. o presión psicológica.

Una madre entrevistada en Haina, en San Cristóbal recuerda cómo esta práctica se convirtió en un ciclo doloroso para su hija.

«La tiré, me incomodé. La peiné con rabia. Sufrió tanto que hasta el sol de hoy recuerda los golpes», dice.

El cabello afro y rizado requiere cuidados específicos, ya que un manejo brusco y una tensión constante pueden provocar dolor, rotura y daño en el cuero cabelludo, además de dejar una huella emocional.

Promover prácticas de cuidado respetuosas con la textura natural del cabello también puede ayudar a las niñas a desarrollar una relación positiva con su identidad y su cuerpo.

Pero lo que sucede frente al espejo puede ser sólo el comienzo.

Las expectativas sobre cómo debería verse una niña son parte de un conjunto más amplio de normas de género También pueden influir en tu forma de vestir, los amigos que tienes, los lugares a los que vas, las tareas que tienes que hacer en casa y las decisiones que puedes tomar sobre tu futuro.

De la apariencia al control de la vida diaria

Investigaciones recientes de Unicef ​​sobre los determinantes de la disciplina violenta en el país muestran que las expectativas de género pueden generar formas diferenciadas de corrección, particularmente relacionadas con apariencia, movilidad y autonomía de las niñas.

El trabajo doméstico es otro ámbito donde estas desigualdades pueden comenzar temprano.

Enseñar a niñas y niños a colaborar en casa no es, en sí mismo, un problema, sino más bien desigualdad aparece cuandolimpiar, cocinar, lavar o cuidar a los hermanos menores se asigna principalmente a las niñasreduciendo el tiempo que tienen para estudiar, jugar, descansar y desarrollar sus propios intereses.

Esta desigualdad puede profundizarse cuando una niña es castigada por no completar estas tareas mientras sus hermanos varones están exentos.

La colaboración deja entonces de ser una enseñanza de corresponsabilidad y puede convertirse en una carga asociada al género.

Al mismo tiempo, las restricciones a la movilidad también pueden presentarse como una forma de protección.

En el marco del Día Internacional de la Niña, Unicef ​​pone el foco en aquellas prácticas y normas sociales que, bajo la apariencia de cuidados, pueden afectar la autonomía de las niñas.
En el marco del Día Internacional de la Niña, Unicef ​​pone el foco en aquellas prácticas y normas sociales que, bajo la apariencia de cuidados, pueden afectar la autonomía de las niñas. Fuente externa.

Limitar los movimientos de las niñas para mantenerlas seguras no reemplaza la necesidad de crear espacios seguros. Protegerlos debería significar ampliar sus posibilidades, no reducirlas.

Violencia que comienza antes de la adolescencia

Más de la mitad de los niños y niñas de 1 a 14 años en República Dominicana, la 54,9%ha experimentado algún método violento de disciplina, ya sea castigo físico o agresión psicológica, según datos del ENHOGAR-MICS 2025.

Entre los niños y niñas de 3 a 4 años, la proporción alcanza 61,4%.

El Análisis Situacional de Género de Unicef ​​advierte que es durante la infancia cuando se empiezan a establecer normas de género que pueden limitar posteriormente las oportunidades y la autonomía de las niñas adolescentes.

Estas reglas pueden parecer pequeñas o parte de la vida cotidiana, pero acumuladas pueden cerrar oportunidades.

Una niña puede aprender a cuidar de su familia sin asumir que es su única responsabilidad. Podrás cuidar tu salud sin sentir que tienes que ajustarte a un único estándar de belleza. Podrás explorar el mundo de forma segura sin perder tu derecho a la movilidad. Y puede desarrollar sus talentos sin que su género determine lo que se espera de ella.

Las normas de género también pueden limitar el futuro

El Análisis de la Situación de Género de UNICEF señala que las normas de género restrictivas están relacionadas con mayores riesgos, incluidas las uniones tempranas y el embarazo adolescente.

Cuando una niña crece en un ambiente violento y con pocas alternativas, sus posibilidades de decidir sobre su futuro pueden verse seriamente reducidas.

Por eso, cuestionar las reglas que parecen inofensivas en la infancia también forma parte de la prevención de la violencia.

Carlos Carrera, representante de Unicef ​​en República Dominicana.
Carlos Carrera, representante de Unicef ​​en República Dominicana.

Lo que una niña escucha sobre su cuerpo, la forma en que se espera que se comporte, las tareas que se le asignan, los espacios que se le permite ocupar y las decisiones que se le permite tomar, contribuyen a construir su percepción de lo que puede y no puede hacer.

El futuro comienza mucho antes de los 18

Transformar esta realidad requiere del compromiso de las familias, las comunidades y los medios de comunicación, así como de políticas públicas y servicios de protección que garanticen los derechos de las niñas.

La autonomía no comienza mágicamente a los 18 años. Se construye desde la infancia: cuando una niña puede jugar sin miedo, participar en igualdad de condiciones en casa, levantar la mano en clase, desarrollar sus talentos y sentirse segura de su cuerpo y de su identidad.

«Las niñas tienen derecho a crecer libres de violencia y de estereotipos que condicionan quiénes pueden ser, cómo deben verse o qué decisiones pueden tomar. Invertir en las niñas significa invertir en su capacidad de decidir sobre sus vidas, permanecer en la escuela, desarrollar sus talentos y construir su propio proyecto», afirmó. Carlos Carrera, representante de Unicef ​​en República Dominicana.

Para Almonte, esa tarde frente al espejo estuvo marcada por la tristeza. Su experiencia nos recuerda que prevenir la violencia implica también transformar los detalles cotidianos de la crianza y cuestionar aquellas prácticas que, por repetirse o normalizarse, pueden pasar desapercibidas.

“Las niñas tienen derecho a crecer sabiendo que su cuerpo merece respeto, que su voz importa, que su valor no depende de lo establecido como belleza y que, en esencia, sus capacidades y su futuro son ilimitados”, afirmó Carrera.

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