El Universidad Autónoma de Santo Domingo, Primada de AméricaAcaba de cumplir 488 años. Fundada en 1538, avanza hacia sus primeros cinco siglos de existencia. Pocas instituciones dominicanas tienen una historia tan rica y pocas han contribuido tanto a la formación de nuestra nación. Su aniversario es un motivo de orgullo, al mismo tiempo que los invita a reflexionar sobre su futuro.
La historia de la UASD reproduce, en gran medida, las vicisitudes de nuestro país. Durante siglos, la educación universitaria estuvo reservada a grupos privilegiados. Tras la caída de una dictadura que no merece ser nombrada, la institución ganó su autonomía y abrió sus puertas a miles de jóvenes a quienes antes les habría resultado difícil acceder a la educación superior. Pero la apertura también trajo desafíos, y el crecimiento de la matrícula puso a prueba los recursos y la capacidad institucional para ofrecer educación de calidad.
Durante las últimas décadas, la UASD ha acumulado méritos en materia de inclusión social, pero sus resultados académicos y científicos aún están lejos de lo que el país necesita y de lo que una institución de su tamaño podría lograr. Potenciar la investigación, mejorar la formación y fortalecer los vínculos con la sociedad son tareas pendientes.
Sin embargo, hay razones para mirar hacia adelante con esperanza. El UASD Conserva una extraordinaria capacidad de convocatoria y un sentido de pertenencia que constituye una de sus mayores fortalezas. Su presencia en todo el territorio le brinda la posibilidad de contribuir al desarrollo de comunidades que necesitan conocimientos y oportunidades. Quienes amamos la UASD aspiramos a verla llegar a su quinto centenario con una capacidad renovada para enseñar, investigar y servir al país. Su historia merece ese esfuerzo.


