Santo Domingo.-En República Dominicana pocas figuras despiertan tanta curiosidad como la ciguapa, ese enigmático ser femenino que, según la tradición popular, vive en la montaña, se distingue por su larga cabellera y deja huellas que parecen conducir en dirección contraria a su camino.
Llevar esta historia al lenguaje del ballet clásico representa un compromiso con la identidad cultural dominicana y la posibilidad de convertir la herencia oral en una experiencia artística capaz de trascender generaciones. En entrevista con Alina Abreu se abordan los desafíos, motivaciones y visión que sustentan esta propuesta escénica, concebida para acercar al público a uno de los personajes más fascinantes del imaginario nacional.

Infancia
La relación de la artista con esta leyenda comenzó durante su infancia en La Vega, cuando su padre la vestía de ciguapa, alrededor de los siete años. Aquella experiencia despertó una curiosidad que ha permanecido a lo largo de su vida y alimentó su interés por las historias de la montaña, los campos y las tradiciones transmitidas oralmente. Décadas más tarde, esa memoria se convertiría en fuente de inspiración para desarrollar una creación que une la memoria personal y el patrimonio colectivo.
Ballet
La investigación que dio origen al ballet no se limitó a unos pocos meses de trabajo. Fue un proceso que se prolongó durante años y que, a la hora de concebir la obra, adquirió un carácter más riguroso a través del estudio de las distintas versiones del mito y la selección de los elementos que permitieran la construcción de su propia dramaturgia. El propósito no era reproducir literalmente la leyenda, sino reinterpretarla desde las posibilidades expresivas de la danza.
Ciguapa
Concebido como un ballet en un acto y siete escenas, La Ciguapa traslada al espectador desde la vida cotidiana de un pueblo hasta el misterio de las montañas dominicanas, con los papeles protagónicos de Laura Isabel Fernández y Alexander Duval. La obra propone así un recorrido escénico en el que cada escena contribuye al desarrollo de un relato que prescinde de las palabras.

La coreografía, la música, la escenografía, las proyecciones, la iluminación y el vestuario funcionan como partes de una misma historia. Elementos como el campanero, las siluetas de las ciguapas y el Espíritu de la Montaña ayudan a construir una atmósfera en la que el paisaje deja de ser un simple fondo y se convierte en un protagonista más.
Teatro
— sala principal
El objetivo es que el público experimente un progresivo tránsito desde el mundo cotidiano al corazón de la leyenda, al verlo en escena del 13 al 15 de noviembre, en la Sala Carlos Piantini.


