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sábado, octubre 10, 2026
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Virtualidad y tecnologías educativas emergentes

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A raíz de la inesperada pandemia, las herramientas laborales, educativas y de comunicación se utilizaron a escala global con una aceleración impresionante. Entre esas herramientas que incrementaron su uso se encuentran los códigos QR y los llamados videos, que si bien ya existían lograron una consolidación sin precedentes y actualmente luchan por sobrevivir en la etapa pospandemia.

Durante la etapa de pandemia, múltiples plataformas como Zoom y Google Meet alcanzaron gran popularidad, dominando la comunicación, la docencia, el teletrabajo y las reuniones grupales con formidable efectividad. Además, aplicaciones como WhatsApp, Facebook, Tik Tok, You Tube, Neflix, Instagram y Snapchat fueron de gran utilidad comunicativa, captando la atención de usuarios como particulares, universidades y empresas con uso intensivo.

La aceleración en el uso de estas plataformas permitió a las economías del mundo mantener su ritmo dinámico, siendo vital en la reapertura y recuperación de la actividad económica. Asimismo, con el uso masivo de las plataformas digitales se ha logrado un sistema tecnológico llamado emergente, cuya mayor expresión es la llamada inteligencia artificial, con una trascendencia que ha llamado la atención para establecer estándares regulatorios para su uso y difusión.

Es que las tecnologías emergentes representan la mayor expresión de innovaciones de nueva generación en pleno desarrollo con multiplicidad de integración sectorial como educación, industria, medicina y comunicación. Estas áreas simbolizan valiosos y reveladores avances en computación cuántica, inteligencia artificial, robótica, biotecnología y que han aumentado su realidad con el uso intensivo de Internet en todos los ámbitos de la vida diaria.

Es en tal contexto que tecnologías emergentes como la inteligencia artificial, la realidad virtual y el aprendizaje automatizado han transformado la dinámica de los procesos educativos al personalizar la educación de acuerdo con las necesidades individuales de los estudiantes. A pesar de estos cambios inducidos por las tecnologías emergentes, lo apropiado es examinar el impacto que estas tecnologías han tenido en la calidad del proceso de enseñanza-aprendizaje.

Hoy en día, la educación ha logrado sufrir una profunda transformación inducida por las tecnologías emergentes. Pero resulta que, en un contexto de progresiva digitalización, estas tecnologías han permitido una mejora en la accesibilidad y efectividad educativa, aunque la calidad sigue siendo una incógnita dado que se ha intentado sustituir la presencialidad por la virtualidad sin transformar los esquemas metodológicos, lo que desconecta a los estudiantes del contacto sensible de las aulas y el docente.

Es cierto que la enseñanza virtual ha revolucionado la forma de aprender y asimilar ciertos conocimientos. Sin embargo, su variedad, flexibilidad y accesibilidad lo convierten en una poderosa herramienta para el desarrollo personal y profesional, sugiriendo disciplina y compromiso para lograr resultados buenos y utilizables.

Es irrefutable que las tecnologías emergentes han permitido un acceso amplio y equitativo a los recursos educativos, con diferentes estilos de aprendizaje, implicando mayor accesibilidad, mejores habilidades digitales y reducción de costos, variables que son las principales ventajas de la virtualidad. Pero estos también presentan desventajas de alto riesgo, como interacción personal restringida entre estudiantes y docentes, baja efectividad de la comunicación, pérdida de interacción social, ausencia de supervisión, conexión a internet inestable, falta de familiaridad de los estudiantes con la tecnología y las plataformas, lo que se traduce en frustración, aumenta la carga financiera por los costos ocultos que genera la conexión y el aislamiento que implica la educación virtual con fuerte impacto en la salud mental de los estudiantes.

Si bien la virtualidad ofrece comodidad, flexibilidad y accesibilidad, también existen desventajas bastante importantes que deterioran la calidad de la enseñanza ya que hay materias que requieren la presencialidad para comprenderlas. Asimismo, la sobrepoblación virtual trastoca la calidad, por lo que un curso virtual no debe exceder los 15 alumnos, pero además dejar materiales de estudio genera estrés y desmotivación en detrimento del aprendizaje, lo que solo con la falta de un horario de estudio fijo genera distracciones que crean estigmas de baja y dudosa formación.

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