María Villarreal/Latinoamérica21
América Latina y el Caribe ha logrado avances significativos en la visibilidad y reconocimiento de la agenda de cuidados. Lo que durante mucho tiempo permaneció relegado al ámbito privado comienza a ser reconocido como una cuestión central para la sostenibilidad de la vida, la igualdad de género, la justicia social y el desarrollo sostenible. Sin embargo, el debate sobre los cuidados en la región adquiere una nueva dimensión dado el rápido envejecimiento de la población. Según un informe reciente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el número de personas de 65 años o más que necesitan apoyo para realizar sus actividades diarias podría triplicarse para 2050. Este escenario plantea un desafío central: ¿a quién le importará en las próximas décadas y cómo se organizará ese trabajo?
Cuidar es sostener la vida Según la socióloga e investigadora Karina Batthyány, una de las principales especialistas en cuidados de la regiónEl cuidado puede entenderse como una relación de ayuda encaminada al bienestar físico, afectivo y emocional de los niños, de las personas dependientes y, en un sentido más amplio, de todas las personas a lo largo del ciclo vital.
Por lo tanto, el cuidado tiene varias dimensiones. Es material, porque involucra actividades específicas como alimentar, limpiar, acompañar o asistir a otra persona. Es económico, porque estas tareas demandan tiempo y recursos y generan costos directos e indirectos. Y también es afectivo, porque se desarrolla a través de las relaciones entre quienes cuidan y quienes reciben cuidado.
Pero hay dos elementos fundamentales para entender su alcance. En primer lugar, el cuidado es una relación de interdependencia. En segundo lugar, los roles del cuidador y del receptor de cuidados no son permanentes. A lo largo de la vida, todas las personas se preocupan y son cuidadas.
Desde esta perspectiva, pensar en los cuidados permite superar la idea de que se trata de una necesidad excepcional, asociada únicamente a la infancia, la vejez o la dependencia. Cuidar, desde una visión integral, implica entender que es una actividad que forma parte de la vida cotidiana y de la reproducción de nuestras sociedades.
El cuidado como derecho Según la CEPAL, en América Latina y el Caribe las mujeres siguen asumiendo de manera desproporcionada las tareas de cuidado, tanto no remuneradas en el hogar como remuneradas.
Si bien varios países han desarrollado políticas públicas de cuidados, aún no han logrado transformar suficientemente la división sexual del trabajo. Así, cabe destacar que el cuidado constituye no sólo una cuestión familiar, sino también un problema de desigualdad económica y de género. En este contexto, el reconocimiento legal y político del cuidado como un derecho ha permitido avances significativos a nivel regional.
En 2025, la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoció formalmente este derecho como un derecho humano autónomo en su Opinión Consultiva OC-31/25. Desde la perspectiva del cuidado como derecho, cuidar, recibir cuidados y ejercer el autocuidado son dimensiones fundamentales de una vida digna.
En la región, este proceso ha sido impulsado, entre otros actores, por movimientos feministas nacionales y transnacionales y por organismos internacionales como la CEPAL y fue impulsado por la consolidación del campo de la investigación en cuidados a principios del siglo XXI. Además, según la CEPAL, 16 países de América Latina y el Caribe han avanzado en marcos regulatorios en materia de cuidados, y ocho ya cuentan con leyes específicas. Sin embargo, la oferta de servicios sigue siendo insuficiente: aunque Uruguay y Costa Rica han desarrollado sistemas nacionales de atención a largo plazo, en gran parte de la región los servicios públicos aún son limitados y la prestación privada es inaccesible para grandes sectores.
El reto demográfico y los cuidados como uno de los trabajos del futuro
América Latina y el Caribe está envejeciendo a uno de los ritmos más rápidos del mundo. Según el Informe ¿A quién le importa? Cómo apoyar y reconocer a quienes cuidan a las personas mayores en América Latina y el Caribe, publicado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la OCDE y la Agencia Francesa de Desarrollo, actualmente unos ocho millones de personas mayores de 65 años necesitan apoyo para las actividades diarias, cifra que podría llegar a 23 millones en 2050.
Estas necesidades van desde actividades básicas de la vida diaria, como comer, bañarse, vestirse, ir al baño o moverse, hasta actividades instrumentales más complejas, como cocinar, tomar medicamentos o gestionar las finanzas personales. Además, a medida que las poblaciones envejecen, las necesidades de atención tienden a volverse más complejas, debido al aumento de la dependencia funcional y la prevalencia de enfermedades crónicas.
El problema es que el modelo actual sigue dependiendo en gran medida de las familias y, especialmente, de las mujeres. Y las condiciones que sustentaron ese modelo están cambiando: la participación femenina en el mercado laboral está aumentando, las tasas de fertilidad están disminuyendo y las estructuras familiares se están volviendo más dispersas. Según el citado informe del BID, menos del 20% de las personas mayores con necesidades de cuidados reciben servicios públicos. Para 2050, si no se amplían las políticas públicas y no se facilita el acceso a servicios pagos, una de cada tres personas entre 45 y 64 años podría tener que asumir responsabilidades de cuidado familiar. Esto ejerce una presión cada vez mayor sobre las familias, pero también sobre los sistemas de protección social, los mercados laborales y las finanzas públicas. La cuestión del cuidado, por tanto, no puede limitarse a las políticas sociales. También debe incorporarse a la discusión económica.
América Latina debe considerar los cuidados como parte de la infraestructura social y productiva necesaria para enfrentar el envejecimiento demográfico. La creciente demanda de atención requerirá más servicios, tecnologías, infraestructura y profesionales especializados. Según un estudio reciente de la CEPAL y la Organización Internacional del Trabajo (OIT), una ampliación de las políticas y servicios de cuidados podría generar alrededor de 31 millones de empleos hacia 2035, la mayoría de ellos formales. Además, como señala el citado informe del BID, la región debe ampliar y profesionalizar su fuerza laboral de cuidado de personas mayores en situación de dependencia, pasando de unos 3 millones a 14 millones de trabajadores para 2050, mejorar sus condiciones laborales y también apoyar a quienes cuidan en el seno de las familias.
Así, los cuidados no deben verse sólo como un costo social, sino también como un sector estratégico que requiere inversión, genera empleo y puede contribuir al desarrollo económico de la región. Son esenciales porque permiten trabajar, estudiar y participar en la sociedad, y generan nuevas oportunidades de empleo, inversión, innovación y desarrollo de servicios y tecnologías.
En línea con los avances en materia de igualdad de género y derecho humano al cuidado, la región también tiene la tarea de convertir el cuidado en una responsabilidad social compartida y un componente estratégico de un modelo de desarrollo más sostenible e inclusivo.


