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miércoles, septiembre 30, 2026
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¿Por qué llamar “disciplina” a la violencia?

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“Me dieron y aquí estoy”. Es una de las frases que aparece cada vez que alguien cuestiona las peleas, las chanclas, los gritos o la humillación como métodos de educar. Lo repetimos casi como prueba de eficacia: sobrevivimos a eso, por tanto, eso nos debe haber hecho bien.

Pero sobrevivir a una práctica no la convierte en correcta.

El ENHOGAR-MICS 2025 Acaba de poner números a una realidad que conocemos demasiado bien. En República Dominicana, el 54,9% de los niños y niñas entre 1 y 14 años experimentaron algún método violento de disciplina durante el mes previo a la encuesta. Él El 37,9% recibió castigo físico. y el El 43% sufrió ataques psicológicos.. Incluso un 12,1% de los cuidadores considera que el castigo físico es necesario para educar.

Más que cifras, estos datos revelan la contradicción: hemos aprendido a reconocer muchas formas de violencia entre adultos. Si alguien golpea a su pareja para conseguir obediencia, no lo llamamos corrección. Si una persona humilla constantemente a otra para cambiar su comportamiento, sabemos que existe violencia psicológica.

¿Por qué nuestro vocabulario cambia cuando la persona atropellada tiene cinco años?

La Constitución dominicana reconoce en su artículo 56 la obligación de proteger a los niños, niñas y adolescentes contra toda forma de violencia. La Convención sobre Derechos del niño exige esa misma protección aún cuando se encuentren bajo el cuidado de sus padres, madres o cualquier otra persona. Y el Comité de los Derechos del Niño ha sido explícito al considerar el castigo corporal incompatible con el respeto a la dignidad de los niños.

La patria potestad no es un espacio al margen de los derechos humanos.

Esto tampoco significa convertir a las familias en enemigas. Muchas madres y padres reproducen las formas de crianza que conocían. No siempre hay crueldad detrás del golpe. A veces hay cansancio, frustración y, sobre todo, una cultura que durante generaciones enseñó que amar también puede doler.

Precisamente por eso no basta con prohibir.

Un estudio publicado por UNICEF en agosto encontró que ciertas creencias, experiencias de crianza y normas sociales continúan haciendo que la violencia sea percibida como una forma legítima de disciplina en los hogares dominicanos. También encontró muchas familias dispuestas a aprender otras formas de ser padres.

Y sabemos que es posible.

Un programa desarrollado por UNICEF junto con INAIPI y el Ministerio de Educación acompañó a 2.216 familias. Luego del proceso de formación, las prácticas de disciplina violenta disminuyeron del 46% al 32%, mientras que las formas de crianza basadas en el diálogo, el cariño y el respeto alcanzaron el 87%.

La violencia aprendida también puede desaprenderse.

Ser padres sin palizas no significa ser padres sin límites. Los niños necesitan reglas, consecuencias, orientación y autoridad. Lo que no necesitan es aprender que el amor da permiso para hacer daño o que quienes tienen más poder pueden usar la fuerza para obtener obediencia.

Quizás dentro de muchos años una niña que hoy crece en una casa donde nadie necesita pegarle para enseñarle algo también dirá: “A mí me criaron así y aquí estoy”.

Ojalá entonces “así” signifique con límites, con paciencia, con palabras y con respeto.

Espero que proteger la infancia empiece por algo tan básico como dejar de llamar disciplina a lo que, si nos sucediera, no dudaríamos en llamar violencia.

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