Mostrando sinceramente los puntos más débiles de nuestra vulnerabilidad, el presidente Luis Abinader se presentó ante la Asamblea General de las Naciones Unidas como lo que somos: un pequeño Estado insular que sufre, incluso, lo que sucede mucho más allá de nuestras fronteras.
Bien dijo Abinader que, a pesar de la distancia, los conflictos en Europa y Medio Oriente golpean directamente nuestras mesas, disparando los precios de los alimentos y la energía. ¡No podemos soportarlo más!
A ese llamado a la paz se sumó la exigencia de completar el despliegue en Haití para resolver una crisis que afecta mucho a ambos lados de la isla; el pedido de que se incorpore el Índice de Vulnerabilidad Multidimensional y, además, que llegue financiamiento climático.
Como poco importa lo que no afecta, las palabras de Abinader pueden que se las lleve el viento. Ojalá no acaben como los de Fray Antón de Montesinos…


