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miércoles, septiembre 23, 2026
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Elecciones del 2028 y su incierto contexto

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En Occidente, prácticamente todos los procesos electorales de los últimos años se han desarrollado en medio de una polarización extrema. Por un lado, las fuerzas que luchan por un nuevo orden local y mundial basado en una idealizada “nación primero”, “pura” y con valores tradicionales en los ámbitos social, político y religioso. Contra ellos, quienes defienden la permanencia y ampliación de los derechos humanos en los que se basa la democracia. Parece que la generalidad de los procesos electorales que se celebrarán próximamente seguirán esa misma lógica. Aquí, algunos candidatos eventuales de los principales partidos verdaderamente competitivos asumen posiciones de cara a la Elecciones 2028sin calibrar esta circunstancia en su justa dimensión.

En el poder, el derecha extremal Ha demostrado una incompetencia flagrante, gobiernos caóticos, esencialmente represivos y corrosivos de los pilares de las instituciones políticas, sociales y culturales de la sociedad. El presidente de Estados Unidos ha sumido a ese país en una crisis institucional, social y política sin precedentes, ganándose el rechazo de los sectores más representativos del mundo de la política, la academia, el arte, la cultura y, cada vez más, de las principales figuras de las instituciones básicas del sistema.

Vale señalar que, en el plano político, sus mayores derrotas y dificultades las han infligido quienes la han enfrentado defendiendo derechos fundamentales en materia de acceso a los servicios sociales: vivienda, transporte, salud, educación, libertad y derechos ciudadanos. Frente a ello, a nivel de ideas y defensa de la democracia. Por eso tienen la perspectiva de recuperar la mayoría en las cámaras legislativas, lo que sería trágico para el proyecto de extrema derecha del núcleo duro de la actual mayoría gobernante en ese país y en el mundo. Estamos, por tanto, ante lo que podría ser el punto de inflexión de la ola de extrema derecha que amenaza con inundar el mundo.

Para nosotros, esta circunstancia tiene varias interpretaciones: una es que las próximas elecciones de 2028 podrían tener lugar en el contexto de la inflexión de los ataques de la extrema derecha. Otra es que sólo con posiciones firmes en defensa de la población en sus demandas de servicios básicos, transparencia e inclusión social y política podrá tener éxito la lucha contra las diversas expresiones de la extrema derecha. Sin intentar contemporizar con ella y mucho menos asumir abierta o sutilmente algunas de sus posiciones perversas.

Los tres partidos principales del sistema tienen en su interior personas con una trayectoria democrática, de indudable solvencia personal y profesional. Pero si no enfrentan decididamente las posiciones conservadoras e incluso reaccionarias de núcleos importantes de sus direcciones y de eventuales candidatos, estarían tirando esa trayectoria por la borda, convirtiéndose en cómplices de esos núcleos. El contexto de las elecciones de 2028 podría ser diferente al actual y en él estos partidos podrían quedarse sin historia. La extrema derecha no tiene un plan exquisitamente diseñado, está animada por un instinto primario y a veces criminal que lo manifiesta irrefrenablemente en tiempos convulsos, de ahí sus caóticas administraciones.

Afortunadamente, todos los tiempos difíciles llegan a su fin. A pesar de los toques de trompeta, no estamos en el fin de los tiempos.

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