
Más de medio siglo interactuando con cuerpos sin vida Nos ha dado los fundamentos concretos para postular categóricamente, sin duda razonable, la certeza de que los muertos presentan alteraciones orgánicas que son resultado de daños biológicos, químicos, físicos, inmunológicos o ambientales, antemortem o después de la muerte de la persona. Las interpretaciones que los expertos den a estas lesiones dependerán de su competencia científica, ética y social.


