La vitamina D participa en tres procesos especialmente interesantes y relevantes: el mantenimiento de la barrera epitelial (parte del tejido interno que recubre las paredes del intestino);
Ivelisse Liliana Jiménez, gastroenteróloga interna de los Centros de Diagnóstico, Medicina Avanzada y Congresos Médicos y Telemedicina (Cedimat), explica que si bien cuando existen estas condiciones las causas generalmente son multifactoriales, hay que tener en cuenta medir esta importante vitamina (llamada D por ser una de las cuartas vitaminas en ser descubiertas).
En las enfermedades inflamatorias intestinales, especialmente en la enfermedad de Crohn, es común encontrar niveles bajos de 25-OH-Vitamina D. Esta vitamina contribuye a la integridad de la barrera intestinal y a una respuesta inmune menos proinflamatoria, lo que le confiere un papel favorable que complementa el tratamiento específico que requieren estas afecciones por considerarse enfermedades crónicas, aunque controlables.
Respecto a otros trastornos intestinales como la presencia de divertículos en el colon (Diverticulosis), algunos estudios han sugerido una posible asociación con el resultado de diverticulitis. En este sentido, no existe evidencia sólida que lo confirme. Sin embargo, es favorable realizar mediciones de esta vitamina y reponerla si existe deficiencia, como ocurre en otras indicaciones habituales.

Un punto a destacar es el eje intestino-hígado, aquí existe una asociación epidemiológica más consistente. Las personas con hígado graso metabólico suelen tener concentraciones más bajas de vitamina D, particularmente en el contexto de obesidad, resistencia a la insulina y diabetes.
Obesidad
La obesidad está relacionada con la deficiencia de vitamina D ya que la mayoría de los pacientes obesos tienden a tener deficiencia de esta vitamina. Se considera que esto se debe a que en estos pacientes la vitamina suele distribuirse en mayor volumen, principalmente en suero, músculo, grasa e hígado, los cuales se encuentran aumentados, provocando que la concentración en sangre sea menor.
Otro mecanismo por el que puede estar baja es porque el tejido adiposo la retiene o secuestra, por ser liposoluble. También se explica que los pacientes con hígado graso de origen metabólico suelen tener alterada la 25-hidroxilación hepática.
La deficiencia de vitamina D regula la respuesta inflamatoria del tejido adiposo y también se relaciona con la resistencia a la insulina. Su deficiencia también suele provocar debilidad ósea (osteopenia u osteoporosis), debilitamiento del sistema inmunológico, aunque no se ha demostrado que el suplemento reduzca significativamente la inflamación o los niveles de lípidos en pacientes obesos.
El enlace
En el proceso inflamatorio que conlleva la obesidad, recordemos su vínculo con la resistencia a la insulina, cuyo origen es multifactorial, resultado de la interacción entre la predisposición genética, el exceso de adiposidad, especialmente visceral (abdominal), así como la alimentación inadecuada, el sedentarismo, el envejecimiento y otros factores metabólicos.
Se considera deficiente porque es inferior a 20 ng/ml. En base a esta deficiencia documentada, se recomienda vitamina D 3 (colecalciferol) 5 mil UI/día durante 8-12 semanas, seguida de una dosis de mantenimiento individualizada una vez corregida la deficiencia.
El objetivo es alcanzar un valor superior a 30 ng/ml según las sociedades de Endocrinología.
Una dosis más alta y seguimiento.
En la enfermedad celíaca, la enfermedad inflamatoria intestinal extensa, la resección intestinal, la cirugía bariátrica u otros síndromes de malabsorción, puede ser necesaria una dosis más alta y un seguimiento de la respuesta porque la absorción oral puede ser menor. Cuando hay evidencia de malabsorción puede ser aconsejable administrarla junto con vitamina K.


