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viernes, septiembre 18, 2026
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Luis Medrano se une a reclamo de Prince Royce y dice que los Grammy deben pedir perdón a RD

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Santo Domingo.– El empresario artístico Luis Medrano coincidió con el reclamo que hizo Prince Royce tras conocer que no fue nominado al Latin Grammy, por lo que Medrano entiende que la Academia de los Premios Grammy Latino debe pedir disculpas a República Dominicana y a los valores auténticos del merengue y la bachata.

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Me sumo, sin reserva alguna, al reclamo que hizo Prince Royce hace apenas un día, cuando denunció que entre los nominados a mejor álbum de merengue y bachata no hay un solo trabajo verdaderamente dedicado a la bachata. Y me convierto también en la voz de tantos otros que sienten exactamente lo mismo y prefieren guardar silencio, por miedo a que decir la verdad les cueste una futura nominación, un contrato, una puerta cerrada. No tengo ese miedo. Lo que tengo es dolor, y ese dolor se llama merengue, se llama bachata, se llama República Dominicana.

Esta Academia le debe una explicación al mundo, y sobre todo nos la debe a nosotros. El merengue y la bachata no son un renglón más en una premiación, son dos de los géneros más poderosos que ha parido el Caribe, con una fuerza creativa y una diversidad que nadie en su sano juicio puede resumir en lo que presentaron este año. Lo que ponen ahí no suena a merengue en toda su grandeza ni a bachata en toda su profundidad. Suena como otra cosa, vestida con el nombre de nuestros ritmos. Y eso, para un dominicano que ha vivido esta música desde la cuna, no es un descuido. Es una falta de respeto hacia nuestra gente y hacia quienes crearon estos sonidos con sangre, sudor y puro talento.

Para los artistas

Y los que faltan, ahí está el dolor más grande. No hay rastro de Luis Miguel del Amargue, ni de El Blachy, ni de El Rubio del Acordeón, ni de El Chaval de la Bachata, con producciones que ahora mismo resuenan en las calles. No queda rastro de Leonardo Paniagua ni de Luis Segura, herencia viva de la bachata. Es ilógico, y más cuando esa misma Academia sí encuentra espacio para veteranos de otros países según el peso de su mercado, según le conviene.

Los verdaderos ídolos de la bachata no aparecen. ¿Dónde está Antonio Santos? ¿Dónde está Raulín Rodríguez? ¿Dónde está Zacarías Ferreira? ¿Dónde está Marino Castellano? Estoy empezando a preguntarme si los grandes sólo serán reconocidos cuando ya no estén, cuando sea demasiado tarde para disfrutarlo. Elvis Martínez sigue esperando el reconocimiento que se merece como leyenda con un inmenso aporte al merengue, al igual que Lupe Valerio. La maestra Bonny Cepeda no está. Héctor Acosta no está. Alguien tiene que explicarnos, a cara descubierta, cuándo piensa hacerles justicia.

Y hay un nombre que este país no puede seguir dejando pasar debajo de la mesa: Wason Brazobán, un líder, una estrella con veinte años de ser la voz más importante de la música romántica dominicana, tanto aquí como en todos los mercados latinos de Estados Unidos, un completo cantautor, compositor y arreglista de una talla que no admite excusas. La Academia parece querer que los artistas la persigan, rogando una nominación, cuando debería ser exactamente al revés: tiene la obligación de perseguir valores reales y auténticos si realmente quiere ser justa consigo misma. Si no lo hace es porque ya ha perdido su razón de ser, atrapada por intereses que la manipulan y que ella misma parece no querer ver.

Tampoco está Omega, la cara más exitosa del merengue moderno, la fusión que añadió nuevos colores a este género sin traicionar su esencia. Josie Esteban no está aquí. El Complejo Quisqueya no está. Tampoco está una banda entera, legendaria, como Víctor Roque y la Gran Manzana. ¿Qué está pasando ahí dentro?

Es imposible que no hayan reconocido a Fernando Villalona, ​​El Mayimbe, un ídolo de seis generaciones que ha marcado a todo este país. Es imposible que no estén Peña Suazo, ni Pochy Familia, ni Quinito Méndez, ni Diony Fernández, uno de los grandes arreglistas de nuestra música. La Academia dejó a sus pies una de las dirigencias con más fuerza, más encanto y más carisma que queda en todo el continente, y él ni siquiera se dio cuenta. Tampoco reconocieron a Ramón Orlando, en el año de su cincuentenario. Y ni hablar de José Manuel Calderón, el hombre que creó el ritmo de la bachata, y que hasta el día de hoy sigue esperando el lugar que le corresponde en la historia. Tampoco aparece Ala Jaza, uno de los que revolucionó el merengue y lo llevó a su máximo nivel en los últimos tiempos.

Algo está pasando en los Grammy, y ese algo tiene nombre aunque nadie quiera decirlo en voz alta. Alguien, desde algún lugar de esa industria, le está haciendo daño al verdadero merengue y a la bachata, al folklore, a la verdadera calidad, mientras la Academia se llena de palabras diciendo que premia la excelencia sin tomar en cuenta a quienes realmente la apoyan.

Y no puedo quedarme callado sobre Fefita la Grande. Una mujer patrimonio folclórico de la humanidad, con un talento y un carisma que no tiene comparación en todo el continente, aún no recibe los máximos honores de esa Academia de Música. Eso no se lo puede perdonar a la institución, ni se lo puede perdonar a la representación dominicana que tiene influencia dentro y que, en este tema, también ha sido irrespetuosa hacia su propio pueblo. En el merengue típico ocurre lo mismo con figuras que han dado un inmenso aporte al género, como Yovanny Polanco, el prodigio, Krisspy, Kiko el Presidente, Banda Real y Narciso, el Pavarotti, entre muchos otros que quedan fuera.

Por todo ello, exijo que se investigue a fondo lo que parece una coordinación entre discográficas, productores, arreglistas y artistas para manipular estas categorías a favor de un determinado sector. La Academia debe hacer inmediatamente un inventario serio de lo ocurrido allí y presentar una explicación pública. Perdónenme, pero esta nominación no es correcta, y no encuentro otra explicación posible que no implique algún tipo de manipulación.

No se puede permitir que una institución que se presenta seria, honesta y transparente juegue con la carrera de tantos artistas y con la dignidad de un ritmo tan grande como el merengue y otro tan profundo como la bachata. Detrás de cada nominación hay años de vida regalados por compositores, arreglistas, diseñadores, videógrafos y fotógrafos, todo un ejército silencioso que sostiene esta música para que llegue al mundo entero. Estas personas merecen un proceso justo, no un ejercicio de conveniencia comercial disfrazado de mérito artístico.

Dejar de lado, o no valorar adecuadamente, el trabajo de figuras como Wilfrido Vargas, Miriam Cruz, Eddy Herrera, los hermanos Rosario, Romeo Santos, Prince Royce y Frank Reyes, entre muchas otras estrellas de esta música, es una falta de respeto al propio premio que dice representarlos.

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