spot_img
26.7 C
Santo Domingo
lunes, septiembre 14, 2026
spot_img

El odio en la política

Deberías Leer

En neurociencia está muy claro que el cerebro no sólo escucha lo que piensa, sino que también aprende de lo que repite. Es decir, tomamos decisiones según nuestras emociones y luego las racionalizamos.

Él odio Es una actitud emocional negativa, junto con el remordimiento, la rabia, la ira, la ira, la culpa y el resentimiento. Un cerebro dañado se ocupa mucho de estas emociones y, al mismo tiempo, se convierte en su prisionero.

El política Es una actividad dinámica, de confrontaciones de ideas, conflictos, desacuerdos, luchas de intereses, frustraciones, pérdidas y ganancias, éxitos y gratificaciones.

El odio en política proviene o se construye a partir de aquellas experiencias personales estresantes que suelen ir acompañadas de prejuicios, chismes, intolerancia, mala gestión de conflictos, escaso desarrollo educativo, traumas pasados ​​y la alta tendencia a personalizar las diferencias personales o grupales.

Los resultados del odio en la política generan división, violencia, descontento, distorsión y disonancia cognitiva.

Un político con inteligencia emocional y lo social fomenta el debate, respeta las ideas, gestiona la tolerancia, el disenso y la crítica; Por supuesto, todo depende del ego del político, su tipo de personalidad, sus rasgos, sus debilidades y su falta de tacto y capacidad para adaptarse a los cambios y a los grupos.

El odio es resultado del daño emocional que se acumula, de microtraumas no resueltos que se apoderan del pensamiento y distorsionan la percepción de la realidad, “actúa automáticamente” distorsionando el pensamiento crítico, la proporcionalidad, las consecuencias y los riesgos, para actuar de manera impulsiva o maquiavélica, resultando en daño al medio ambiente y dañándose a sí mismo.

Se refiere julia diamantecómo el poder personal mal gestionado daña al político, porque proviene de su propia personalidad; Es decir, de nosotros mismos, es más sólido y estable, tiene que ver con nuestro temperamento y carácter.

Mientras tanto, el poder social depende del exterior, de las circunstancias, del contexto histórico-social, de las normas, los valores y la jerarquía. Después de todo, el poder es la capacidad de influir y causar efectos en nuestro entorno, concluye Julie.

Sin embargo, una actitud emocional negativa como el odio ciega, disminuye y reduce al político a un cazador de grupos o un constructor de muros donde quienes piensan o actúan diferente a él separan a todos.

Un político con un cerebro conectado y estimulado logra neuroplasticidad cerebralPor tanto, es un político más empático, mejor controlado, más afectivo, con metacognición, más centrado y con visiones diferentes de la sociedad, lo que le permite estar por encima del reduccionismo, el grupismo y los conflictos de “ellos contra nosotros” “nosotros contra ellos”.

El odio siempre ha convivido con los seres humanos, en el poder y en la política; Los resultados han sido: crímenes masivos, crueldades, prácticas terroristas, persecución, acoso moral y social ante las diferencias.

El cerebro sano de un político genera confianza, tranquilidad, paz, acercamiento, reciprocidad, autocompasión, bondad, altruismo, solidaridad y bienestar.

Está demostrado que el odio, la envidia, el ego hiperinflado, el remordimiento y la sed de venganza acaban dañando el cerebro, repitiendo y reforzando patrones de conducta altamente nocivos y disfuncionales en términos políticos y sociales.

- Advertisement -spot_img

Otros Artículos

- Advertisement -spot_img

Últimas Noticias