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martes, septiembre 8, 2026
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“De niña jugaba a ser maestra y modelaba con los zapatos de mamá”

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Santo Domingo.-Ante las luces de los escenarios internacionales, las pasarelas y la corona de Miss Mundo, Joheirry Mola era una niña dulce, alegre y sensible que encontró en los juegos una manera de revelar, sin saberlo, parte del camino que recorrería años después.

Su madre, Heiddy Domínguez, recuerda especialmente aquellas escenas infantiles en las que Joheirry se calzaba los zapatos y las carteras para caminar por la casa como si estuviera en una pasarela. Luego regresó orgullosa para mostrarle a su madre lo bonita que se veía.

Pero hubo otro juego que, con el paso de los años, adquirió un significado aún más profundo: ella sentaba a sus muñecos y les daba lecciones.

“Desde pequeña le gustaba enseñar”, recuerda su madre, que hoy observa con especial emoción que aquella niña que jugaba a ser maestra acabó convirtiendo la educación en una auténtica vocación. Joheirry se dedica a la docencia desde hace varios años y mantiene un fuerte compromiso con los niños.

“De pequeña jugaba a ser maestra y modelaba con los zapatos de mi madre”

La mirada de una madre nos permite así descubrir una dimensión diferente del nuevo mundo soberano. Detrás de la corona hay una historia construida desde la infancia, marcada por los valores familiares, la disciplina y una sensibilidad hacia los demás que, según su madre, siempre estuvo presente.

sueños de niña

Desde muy joven, Joheirry mostró determinación para perseguir lo que quería, pero también voluntad de compartir y ayudar a los necesitados.

En casa, explica su madre, aprendió desde pequeño la importancia de servir a los demás. Con el paso de los años, esos valores dejaron de ser sólo enseñanzas familiares y pasaron a formar parte de su propio propósito.

“De pequeña jugaba a ser maestra y modelaba con los zapatos de mi madre”
La joven estudió Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Iberoamericana.

Sus sueños también estaban evolucionando. Aunque la docencia siguió siendo una constante, el mundo del modelaje empezó a despertar su interés. Aquella niña que paseaba por casa en los zapatos de su madre encontró después un espacio en las pasarelas para desarrollar otra de sus aspiraciones. El sueño de convertirse en reina de belleza llegó más tarde, cuando ya había comenzado a incursionar en ese mundo y sus metas eran cada vez más grandes.

Para lograrlo, sin embargo, tuvo que pagar un precio que muchas veces permanece oculto detrás de una corona: tiempo alejado de familiares y amigos, sacrificios personales, responsabilidades laborales y una rutina exigente que exigía disciplina y perseverancia.

Sacrificios significativos

Domínguez admite que hubo momentos de preocupación al verla cansada o enfrentando dificultades, pero nunca quiso convertirse en un obstáculo para sus sueños. La orgullosa Heiddy describe que la enseñanza fue diferente, porque hacer el esfuerzo, ponerlo en las manos de Dios y confiar fue siempre su norte. Asegura que el momento decisivo llegó cuando escuchó el nombre de República Dominicana y vio a su hija coronada Miss Mundo.

“De pequeña jugaba a ser maestra y modelaba con los zapatos de mi madre”

Para una madre que había acompañado el proceso desde sus primeros pasos, ese momento condensó años de trabajo, sacrificios, lágrimas y oraciones.

“Gracias Dios mío, valió la pena”, fue el pensamiento que, según recuerda, cruzó por su mente. Confiesa que más que la celebración de un título internacional, lo que sintió fue el orgullo de ver a su hija alcanzar uno de los sueños por los que había trabajado durante años.

Explicó que en los primeros segundos después de la coronación, sus pensamientos se dirigieron a Dios y luego a Joheirry, consciente de todo el esfuerzo que había hecho para llegar a ese escenario.
Su deseo era abrazarla y decirle: «Lo lograste, mi amor. Dios escuchó nuestras oraciones».

Más que la corona

Para la familia, el título de Miss Mundo 2026 trasciende los beneficios, contratos y oportunidades profesionales que puedan surgir a partir de ahora para la belleza de 24 años.

La feliz madre destaca que la corona simboliza, en su visión, fe, disciplina, sacrificio, perseverancia y propósito, pero también abre una plataforma para que Joheirry amplifique su voz y lleve su deseo de servir más lejos.

“De pequeña jugaba a ser maestra y modelaba con los zapatos de mi madre”

Y quizás ahí esté la mayor transformación de aquella niña que jugaba a enseñarle a sus muñecas y caminaba por la casa en los zapatos de su madre, ya que empieza a ver el fruto de su perseverancia.

escenario mundial

— El verdadero valor
Hoy tiene ante sí un escenario mundial. Su madre lo resume con una reflexión: “La corona es preciosa, pero lo verdaderamente importante será lo que ella pueda hacer con ella”.

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