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lunes, septiembre 7, 2026
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Reflujo gastroesofágico: ¿Cuándo los medicamentos no son suficientes?

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Millones de personas viven con reflujo desde hace años. Después de comer sienten que el contenido del estómago regresa al pecho o a la garganta, experimentan ardor, regurgitaciones, tos por la noche o incluso necesitan modificar lo que comen y la hora a la que cenan para evitar síntomas. Con el tiempo acaban incorporando estos malestares a su vida diaria y asumiendo que son normales. Pero acostumbrarse al reflujo no significa que lo sea.

Engels Lazala Almánzar, cirujano general de los Centros de Diagnóstico, Medicina Avanzada y Congresos Médicos y Telemedicina (Cedimat), explica que la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) es una de las enfermedades digestivas más comunes del siglo XXI. Se estima que afecta aproximadamente a uno de cada cinco adultos en los países occidentales.

La obesidad, los cambios en los hábitos alimentarios, el sedentarismo y el envejecimiento de la población contribuyen a que su frecuencia siga aumentando.

Es importante aclarar que reflujo y acidez de estómago no son sinónimos. La acidez o sensación de ardor es sólo una de sus manifestaciones. El reflujo también puede causar regurgitación, tos crónica, ronquera, carraspeo, dificultad para tragar, dolor en el pecho o sensación de que la comida regresa después de comer. Algunos pacientes incluso pasan años tratando estos síntomas sin identificar su verdadero origen.

Mecanismo complejo

Entre el esófago y el estómago existe un complejo mecanismo que funciona como barrera antirreflujo. El esfínter esofágico inferior, el diafragma y la anatomía de la unión entre ambos órganos trabajan en conjunto para permitir que los alimentos lleguen al estómago y evitar que su contenido regrese al esófago. Cuando este mecanismo pierde eficacia, aparece la enfermedad.

En muchos pacientes también se produce una hernia de hiato, situación en la que una parte del estómago asciende a través del diafragma y altera aún más esa barrera. Este componente anatómico nos permite comprender que el reflujo no siempre es un simple problema ácido; En determinados pacientes también existe un problema mecánico.

producción de ácido

Los medicamentos que disminuyen la producción de ácido, especialmente los inhibidores de la bomba de protones, han transformado su tratamiento. Son eficaces y siguen siendo la primera opción para una gran proporción de pacientes.

Reducir la acidez del contenido gástrico reduce los síntomas y permite curar las lesiones esofágicas, pero hay una diferencia que el paciente debe tener en cuenta: un medicamento puede reducir la producción de ácido, pero no puede reparar una hernia de hiato ni reconstruir una barrera antirreflujo que ha perdido su función.

Esto explica por qué algunos pacientes pueden pasar años dependiendo de los medicamentos a diario y volver a experimentar síntomas poco después de suspenderlos.

También explica por qué otras personas continúan experimentando regurgitación a pesar de tener su producción de ácido adecuadamente controlada. Es precisamente en este grupo de pacientes donde la cirugía puede jugar un papel especialmente importante. La cirugía antirreflujo ha cambiado considerablemente en las últimas décadas. Actualmente se puede realizar por laparoscopia, a través de pequeñas incisiones y utilizando cámaras de alta definición que permiten trabajar con precisión una región anatómica compleja.

hernia de hiato

Cuando hay una hernia de hiato, el estómago vuelve a su posición normal y se reconstruye el hiato diafragmático.

Posteriormente se restablece el mecanismo antirreflujo mediante técnicas que se seleccionan según las características de cada paciente. El objetivo es diferente al del tratamiento farmacológico: no se trata de reducir la cantidad de ácido producido por el estómago, sino de evitar que su contenido ascienda al esófago restableciendo la barrera que debería impedirlo.

Los resultados pueden ser muy favorables cuando la indicación es correcta. En estudios de seguimiento a largo plazo utilizados por las directrices de la Sociedad Estadounidense de Cirujanos Gastrointestinales y Endoscópicos, aproximadamente ocho de cada diez pacientes tratados quirúrgicamente mantuvieron el control a largo plazo de sus síntomas.

La cirugía reduce en gran medida la necesidad de seguir usando medicamentos, aunque es importante señalar que algunos pacientes pueden volver a necesitarlos con el paso de los años.

La laparoscopia ha añadido las ventajas de la cirugía mínimamente invasiva: pequeñas incisiones, menos dolor postoperatorio, estancias hospitalarias generalmente cortas y una recuperación más rápida. Esto ha contribuido a modificar la antigua percepción de que el reflujo operativo debería reservarse exclusivamente como último recurso.

Pero eso no significa cirugía para todos. Su éxito depende fundamentalmente de la correcta selección del paciente. Antes de operar es necesario demostrar que existe enfermedad por reflujo y determinar su mecanismo.

La endoscopia, la medición de la exposición del esófago al reflujo mediante pHmetría o pHimpedanciometría y manometría esofágica permiten, cuando está indicado, obtener información esencial para decidir qué paciente puede realmente beneficiarse.

Riesgo de cáncer de esófago

Ignorar la enfermedad y permitir una exposición persistente del esófago al contenido gástrico puede provocar esofagitis, ulceraciones y estrechamiento. Se estima que aproximadamente entre el 5 y el 15 por ciento de los pacientes con ERGE desarrollan esófago de Barrett, una transformación del revestimiento esofágico asociada con un mayor riesgo de cáncer de esófago.

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